Entrevista a Alfredo Palmero de Gregorio - El Defensor año 1920

Realizando una revisión de periódicos de principios del siglo XX hemos encontrado una entrevista a un joven Alfredo Palmero de Gregorio de 18 años, donde nos explica sus inquietudes, anhelos y vida en la capital.  Ya que durante este año se ha vuelto a abrir de forma regular el Museo Palmero, donde se recogen obras del maestro, lo cual que ha sido una muy buena noticia para Almodóvar por su transcendencia cultural, nos ha parecido interesante recuperar esta entrevista y compartirla con vosotros.

Imagen de Maestro Palero extraída del periódico el Defensor.

La entrevista se publicó en el periódico El Defensor, en su número 8, publicado el 14 de marzo de 1920. La entrevista fue realizada por Evodio Blanco Fernández. En ese momento el maestro Palmero vivía en un Madrid bullicioso lleno de cafés y tertulias, estudiando en  la Escuela Superior de pintura y grabados de San Fernando. Sin más damos paso a la transcripción de la entrevista que espero os guste:

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Contemplando la portada del último número de “Vida Manchega”, titulada “Carnaval”, por nuestro paisano Alfredo Palmero, se me ocurre la idea de visitar su estudio, conversar con él un rato y ver que prepara para la próxima exposición con que nos piensa obsequiar estas ferias.

Inmerecidamente, pues no fui amino en su niñez, me recibe afectuosamente con un franco cariño que le agradezco y se pone dirigente a enseñarme su estudio y a contestar a cuanto yo quiero saber de sus proyectos y corta vida artística.

 Mi vista al entrar en la habitación donde trabaja, queda fija en la cara de mujer, divina, que aun conociéndola no sé explicar de pronto, merced a la impresión que me ha hecho, como se encuentra tan magistralmente en el lienzo de su cuadro; él me lo explica y me va enseñando, colocándome en distintas posiciones, por efectos de la luz, todos sus cuadros que piensa presentar en la exposición; yo no conocía la labor que este joven coloso tenía hecha; a medida que la estoy viendo, aumenta en mi el deseo de animarlo y de quererlo; es hermoso contemplar su obra, tiene cuadros que están sacados de la realidad; escenas muy preciosas que rebelan el dominio que su autor tiene de la pintura; tipos de tamaño natural, que en algunas posiciones parecen estar fuera del cuadro; me reconozco; para juzgar y describir con sus propios nombres y calificativos todo esto, tendría que tener una capacidad profesional concienzudamente técnica, muy superior a la de Palmero; esto es muy difícil en mí y me limito a extasiarme en la contemplación de sus trabajos, que me encantan, mientras le hago algunas preguntas:


Portada del número 8 del Defensor publicado el 14 de marzo de 1920. En la columna de la derecha se encuentra el comienzo de la entrevista.

-¿Cuál es el rasgo más personal de tu carácter?
-Mi carácter que es variable y que hoy evoluciona al querer abarcar mucha técnica , me hace pasar entra la gente del pueblo, por un niño de esos estúpidos y se me tilda de tonto; son casos de incomprensión que tenemos que aguantar en esta sociedad caduca; mi temperamento en si creo hermana con Velázquez.

-¿Y de tus andanzas en Madrid?
-El desamparo de la opinión, la frialdad de los gobiernos; la lucha por el arte hasta poder lograr en la Escuela de pintura un buen concepto: el título académico de profesor de dibujo y la estimación de mis profesores, con los que discutía muchas veces acaloradamente porque no me comprendían, llegando hasta llorar, por amor propio.

-¿Cuál es tu primer cuadro?
-Uno, en el que tenía cuatro aldeanos, vecinos míos, que por ser mi primera producción vendí bien.

-¿Cuál el que más le ha gustado?
-El retrato de mi madre, que apreciado por Sorolla y Zuloaga, dijeron ser muy sólido y puro.

Continuación de la entrevista

-¿…?
-Tengo ahora 18 años; hace cuatro que me dedico a la pintura; he estudiado en San Fernando; trabajando en la cúpula de San Francisco el Grande; mi profesor particular ha sido Menéndez Pidal; he copiado, quizás más que nadie en museos, sin entregarme a la copia del cuadro materialmente, sino en estudio.

-¿Cuál es el espíritu de tu arte total?
-Mi espíritu total es el de depurar la esencia de nuestra raza, que entiendo está falta de estudio. Seguir, no en el concepto sino en la técnica, a Velázquez; hacerme un verdadero artista, imponiéndome a la rutinaria vejez de este oficio.

-¿Cuánto trabajas?
-A cualquier hora del día; en el campo, al aire libre que es lo que requiere el modernismo; este verano haré muchas cosas; en otoño me costean personas que me quieren, una exposición en Madrid; yo no me presento a concursos ni exámenes, por que quiero cuando lo haga, triunfar en mi obra. La única retribución que he recibido, fueron mil pesetas de la Diputación de un legado que hizo un señor para proteger el renacimiento de la pintura en esta región.

-¿Y tus aspiraciones?
-Mi ilusión será, saber dominar el desnudo que es lo más difícil; tengo el orgullo, un orgullo sano y bueno, de poseer una inventiva enorme, de que otros carecen; mi especial característica ha de ser, que mis asuntos tengan una fuerza grande y que nuestra raza sea elevada, porque vale; amo mi oficio con fe loca, que lo creo mi esencia, mi vida.

-Gracias, Alfredo; eres joven; no nos hacen caso; se ríen; tu tendrás bueno la vejez.
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