Aperos

Hemos creado este Blog, a partir de la publicación on-line del libro "Aperos y Objetos Olvidados", con la idea de compartir con vosotros un patrimonio que con los años se está perdiendo, historias de objetos, historias de costumbres e historias de personas, en definitiva nuestra historia. Un abrazo a todos y esperamos que disfrutéis de su lectura.

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© Jacinto Ruiz Carmona. Con la tecnología de Blogger.
El barco se alejaba lentamente del embarcadero mientras el sol desaparecía en la bahía de Nagasaki en la triste tarde del 6 de septiembre de 1614. La nao portuguesa, con rumbo a Manila, donde se confinaban los misioneros no estaba preparada para este transporte. El provincial de la orden había previsto, tras el destierro decretado por el Tokugawa Hidetada, que vía Filipinas solo salieran entre ocho y diez personas. Los hechos se precipitaron y las difíciles circunstancias en las que se encontraban hicieron que se embarcaran treinta y ocho Jesuitas y seglares en un barco, ya de por sí, repleto de otros exiliados. No había sitio para todos; sabían que la travesía seria dura, tendrían que dormir en la cubierta del navío expuestos a las inclemencias de los cielos, soles y vientos.

Fray Antonio de Critana era uno de los jesuitas embarcados. Contaba con 66 años y había llegado a Japón hacía ya 30 años; su vida era aquel país. Tuvo que aprender su idioma, cultura y tradiciones. Tras un largo periodo de incertidumbre, ahora se veía avocado al destierro. Tenía el corazón atravesado por la congoja, únicamente su fe le permitía seguir adelante, la misma fe por la que era desterrado. Tal era su estado que pidió que le suministraran la extremaunción, acción a la que sus compañeros se negaron, lo querían demasiado y no podían permitirse su pronta marcha, había que llegar a Manila.

Asido a su mano se encontraba su buen amigo Francisco Calderón. Se conocían desde que ambos vivían en el convento de Siguenza, donde Antonio era novicio y Francisco aspirante. Francisco le susurraba al oído la historia de la peregrinación que ambos hicieron a pié desde Siguenza a Alcalá; de cómo tuvieron que pedir limosna y cargar con su hatillo como símbolo de pobreza, de cómo las tentación de abandonar habían rondado por su cabeza y cómo, gracias al ejemplo y consejos que Antonio de Critana le dió, acabaron la peregrinación juntos. No en vano debido al informe que hizo Antonio al Provincial, Francisco fue admitido en la Orden. El destino había querido que ambos acabaran en aquel confín del mundo, camino de Manila en una nao portuguesa justo 41 años después.

Francisco conocía bien los origines y vida de Antonio, la cual repasaba mentalmente. Este había nacido en Almodóvar del Campo, cuna del Maestro Juan de Ávila, en 1548. Sus padres, parientes del Maestro, desde joven le enseñaron el camino de la fe y los jesuitas, asentados en Almodóvar durante su niñez, despertaron una vocación que parecía venir preconcebida. Cuando tuvo edad suficiente pasó a la Universidad de Alcalá de Henares donde curso Filosofía. Tras acabar estos estudios comenzó los de teología, que interrumpió por su entrada en la orden. Finalmente los terminó destacando en teología moral, derecho canónico y liturgia. Ya integrado en la orden pasó siete años como ministro en la residencia que la orden tenía en Toledo.

Estando en Toledo comenzó a oír las historias evangelizadoras de Francisco Javier en Japón y su espíritu inquieto le hizo abandonar la acomodada situación que tenía en Toledo. Antonio puso rumbo hacia oriente, donde realmente sentía que sus hermanos lo necesitaban. Así el 10 de abril de 1584, cuando contaba con 36 años, junto con ocho compañeros se embarcó hacia Japón.

Su barco fondeo en el puerto de Hirado dos años y cinco meses después, en agosto de 1586, una dura y larga travesía para llegar a un mundo nuevo. Un mundo por conocer y una nueva vida le esperaba en aquella tierra. Nada mas llegar lo destinaron a la misión de Bungo, pero el avance de las trotas de Satsuma, el cual estaba en contra de los jesuitas, hizo que finalmente acabara en la ciudad de Yamaguchi. Allí comenzó a aprender el idioma local. El edicto de expulsión de Toyotomi Hideyoshi le hace cambiar nuevamente de ciudad. Fue superior de la orden en la ciudad de Hondo (Amakusa) y luego pasó a Kawachinoura. Una vez asentado y debido a sus conocimientos en teología y derecho canónigo, así cómo por su observancia en el cumplimiento de las reglas, fue nombrado en 1598 ministro y prefecto de la iglesia en el colegio de Todos los Santos de Nagasaki. Allí pasó 16 años, hasta que llego el edicto de Tokugawa Hidetada.

La persecución a los jesuitas había sido constante desde que llegó. Cada vez más personas se convertían al cristianismo y las autoridades locales veían este hecho con recelo. El edicto de expulsión definitivo lo firmo Tokugawa Hidetada en febrero de 1614, a partir de esa fecha la situación se hizo insostenible para los Jesuitas. Se comenzó a agrupar a los misioneros y a algunos seglares en Nagasaki, a la espera de la salida de las naos portuguesas que los llevarían a Macao y Manila. En marzo comenzaron a forzar a la apostasía a los cristianos y los martirios de seglares se hicieron frecuentes. A principios de septiembre de 1614, de forma desesperada, se embarcaron dejando aquella tierra Nipona. Unos 28 frailes se quedaron en Japón incumpliendo la orden de expulsión…

El barco continuaba su camino hacia Manila, tenían unas 5 semanas de viaje. El estado de Fray Antonio de Critana era cada vez peor. Por unos días mejoraba, pero al final volvía a recaer. Agotado por las penalidades que había vivido en los últimos meses y la dureza del viaje, tras recibir la extremaunción, muere el 28 de noviembre de 1614, cuando le quedaban menos de 30 leguas para llegar a tierra. Acababa de expirar y sus compañeros lo veían como un mártir. El capitán del barco ante la cercanía de la tierra y las peticiones de los compañeros se avino a permitir que el cuerpo de Fray Antonio llegara a tierra. Así pues, dispusieron su cuerpo en un cajón de madera y lo veneraron. Fue provisionalmente enterrado en el pueblo de Mariveles, prefectura Agustina Recoleta. Posteriormente fue trasladado a la Iglesia del Colegio de San Ignacio en Manila.

Antonio de Critana se destacó por su caridad. Sus conocimientos como teólogo, así como su carácter humilde y recto le hicieron ser recomendado al obispo de Japón Luis Cerqueira que le tuvo como consultor del obispado y juez de las causas matrimoniales, tema complejo de abordar en la sociedad japonesa del siglo XVI. Destacó como promotor de la cooperación de la orden jesuita con otras ordenes para la evangelización de Japón. Su proceso de beatificación se abrió el en Roma el 24 de mayo de 1901.

Hace unas semanas se estreno la película Silencio dirigida por Martín Scorsese. En ella se cuenta la historia de uno de los misioneros Jesuitas que se quedó en Japón tras decretarse su expulsión por Tokugawa Hidetada. Coincidiendo con este hecho nos ha parecido interesante buscar información y escribir esta entrada sobre la vida del Venerable Padre Fray Antonio de Critana, un almodovense que viajó a Japón en el siglo XVI, ejemplo de inquietud espiritual y personal, caridad e inconformismo. Todos los personajes y hechos contados están basados en las referencias bibliográficas. Como ultima aclaración indicamos que el nombre del Fraile aparece en algunos textos o webs como Antonio Francisco de Criptana o Antonio Francisco de Quintana.

Referencias:

Labor Evangélica, Ministerios Apostólicos de los obreros de la Compañía de Jesús. Francisco Colin.

Diccionario Apostólico de la Compañía de Jesus. Charles E. O’Neill

Vida del dichoso y venerable padre Marcelo Mastrilli
     “Al tiempo de su muerte apareció una cruz en el aire, y grande, sobre la enfermería donde acababa de expirar el Santo lego”



30 de octubre de 1552

Yo, Antonio de Mendoza y Pacheco, Caballero de Santiago, Comendador de Socuéllamos, Virrey de la Nueva España hasta 1550 y actualmente virrey de Perú, redacto el presente escrito viendo cerca el final de mis días, con el fin de recordar a aquella persona que años atrás logró curarme de mis enfermedades, espantando a los diablos que consumían mi interior y prolongando mi existencia hasta el día de hoy.
Ilustración recreando Frailes Franciscanos e indígenas. (www.angelopolis.com)

Fray Lucas de Almodóvar era el nombre del lego de la orden de Nuestro Seráfico Padre San Francisco que, con una fe inquebrantable, cuando estando ya estando desahuciado por mis médicos, logró sanar con sus manos las enfermedades que me postraban. Desconozco la fecha de nacimiento de Fray Lucas pero por su rasgos debió nacer a principios de este siglo. Algunos lo tachaban de extremeño pero su apellido lo delataba, solo podía ser nacido en la Noble y Leal villa de Almodóvar del Campo. Como todos los religiosos que llegan a Nueva España, conocía bien las privaciones y el consumir de su vida que le acarrearía la estancia en estas tierras; esto unido la convicción de que no volverían a pisar la tierra que les vio nacer le llevaba a tomar el nombre de su localidad natal como apellido. Bello gesto el de estos humildes siervos de Dios al recordar la raíz de la que brotamos.

Fray Lucas debió arribar a Nueva España sobre 1530, asentándose posiblemente en el hospital que la orden Franciscana tenía en Tlaxcala, cercano a ciudad de Puebla de los Ángeles, fundada  el 16 de abril de 1531. Allí atendían a los indígenas y vivían de sus limosnas, “como los indios son muchos, aunque den poco, de muchos pocos se hace mucho, y más siendo continuo, de manera que el hospital está bien provisto”. En Puebla, Fray Lucas entablo un íntimo contacto con los indios de aquella zona y en ese lugar, por la gracia divina, obtuvo el don de la sanación.
Portada de la tercera parte del libro "De los veintiún libros rituales y monarquía indiana" escrito pro Fray Juan de Torquemada

Paso posteriormente al convento de San Francisco de México, con mucho ejemplo y observancia de su profesión. En este lugar uso su don e hizo muchas curas muy señaladas en religiosos y seglares, así españoles como indios; de los cuales como pobres se compadecía. En este convento hospital me curo él, dejándome sano mediante la voluntad divina. Pareciese que Dios quería que se cumpliese en su siervo Fray Lucas lo que dice el apóstol San Pablo, que comunica el Espíritu Santo el don de curar a los que más le place y es su Santa voluntad.
Capilla Abierta del ex-convento Franciscano de la Asunción en Tlaxcala. cercano a puebla de los Ángeles, actualmente Puebla de Zaragoza (www.mexicoenfotos.com)

Entendiéndose esta donación y gracia del bendito religioso, sirvió para acompañar al más afamado medico que había en la ciudad siendo yo Virrey, el doctor Alcázar. Así pues, éste no quería curar con otro sino con este siervo de Dios, pareciéndole que más curaba por milagro que por ciencia. De las otras órdenes venían enfermos religiosos a la enfermaría de San Francisco a curarse con él, como lo hizo el muy Bendito y Venerable Padre Maestro Fray Alonso de la Vera Cruz, honra de su religión y luz en estas Indias Occidentales, de la Orden del Glorioso Padre San Agustín. Sanó Fray Lucas a este Santo hombre de una grave enfermedad, volviendo sano a su monasterio. Con otros muchos hizo lo mismo y es imposible contar el numero de almas a los que perpetuo en esta tierra.
Extracto del libro De los veintiún libros rituales y monarquía indiana" escrito pro Fray Juan de Torquemada

Murió Fray Lucas hace dos años, sobre 1550. Al tiempo de su muerte apareció una cruz en el aire, y grande, sobre la enfermería donde acababa de expirar el santo lego y donde tanto se había abrazado con la cruz de Cristo, ejercitando aquel oficio y obra de tanta caridad. La cruz fue vista por algunas personas seglares y devotas del convento y admirados de ello, lo vinieron a decir a los religiosos. Hallaron que en aquel mismo tiempo acababa de expirar el siervo de Cristo Fray Lucas de Almodóvar.

Fue muy devoto de la santísima cruz, notable enfermero y abnegado fraile poseedor de un don para la sanación, del cual hizo siempre uso con santidad, ayudando a españoles e indios en sus enfermedades y pestilencias sin diferenciar origen, razas o género. En estos últimos días de mi vida recuerdo la humildad con la que este siervo de Dios me salvo y como su fe inquebrantable me sirvió de ejemplo para guiar mi alma a través de este fugaz viaje que es la vida.

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El texto presentado es una recreación ficticia de una carta escrita por Antonio de Mendoza y Pacheco, contando la vida del que fue su sanador Fray Lucas de Almodóvar. El texto se basa fundamentalmente en la tercera parte del escrito “de los veintiún libros rituales y monarquía indiana” escritos por Fray Juan de Torquemada, donde se incluye una breve reseña de la vida de Fray Lucas.
Grabado de la antigua sacristía del convento de San Francisco en Mexico D. F.

La figura de Fray Lucas de Almodóvar aparece por primera vez, según las referencias encontradas, unida al pueblo de Almodóvar del Campo en la relación de personajes ilustres que el historiador manchego D. Inocente Hervás incluía en su “Diccionario Histórico, Geográfico, Biográfico y Bibliográfico” publicado en el año 1890. En este texto otorga el título de Venerable a Fray Lucas, lo cual, dada la vida y milagros que obró en Indias, es posible que le fuera concedido; aunque no hemos conseguido documentación que corrobore este extremo. Tenemos que indicar que Almodóvar del Campo fue la población de la que partieron más frailes y sacerdotes a Indias durante el siglo XVI en la provincia de Ciudad Real, por ello es bastante probable que el apellido se correspondiese con la villa de Almodóvar del Campo.

Actualmente su figura es recordada con el nombre de una calle en Almodóvar del Campo. Su vida y abnegado ofrecimiento a los demás, sin distinción de clases y origen, son un ejemplo y por ello hemos querido recordar con esta entrada a Fray Lucas de Almodóvar.
Grabado de la portada de la iglesia de San Francisco (Puebla de los Ángeles)

Referencias:

Fray Juan de Torquemada. De los veintiún libros rituales y monarquía indiana… 1713.

Inocente Hervás y Buendía. Diccionario Histórico, Geográfico, Biográfico y Bibliográfico.

Puebla; Presencia de las órdenes religiosas. http://www.enciclopedicohistcultiglesiaal.org

Alfonso Reyes. La “X” en la frente. Textos sobre México. 2012.

Jerónimo de Mendieta. Vidas Franciscanas. 1945.

Miguel Ángel Cuenya Mateos. Puebla de los Ángeles en tiempos de una peste colonial. 1999.

J.M López Piñero y J.L. Fresquet. El mestizaje cultural y la medicina novohispánica del s XVI. 1995.

Brad R. Huber and Alan R. Sandstrom. Mesoamerican Healers. 2010.

www.angelopolis.com el convento de San Francisco, una joya del arte poblano

www.mexicoenfotos.com la capilla abierta del exconvento de la Asuncion

Son las 11 de la mañana del día 6 de agosto de 1538, un calor sofocante, debido a la humedad existente, hace insoportable para los asistentes vivir la solemnidad del momento histórico al que asisten. Tras haber clavado en el suelo una cruz, formada por dos troncos de madera, se prestan a comenzar la celebración de una ceremonia religiosa para conmemorar la fiesta de la Transfiguración del Señor y la fundación de la nueva ciudad. El padre Fray Domingo de las Casas oficia el acto al que asisten unos 170 hombres, supervivientes de los 670 que comenzaron la expedición comandada por Gonzalo Jiménez de Quesada para explorar la ribera del río Magdalena. Más de 1000 km de travesía por la selva hasta llegar al punto donde se encontraban, la sabana de Bogotá. Un día antes el General Quesada, espada desenvainada en mano, tomo posesión en nombre del Empesador Carlos V de aquella tierra dando por nombre a la ciudad que se prestaban a fundar Santa Fe de Bogotá, y a todo el país conquistado Nuevo Reino de Granada, en recuerdo de su Granada natal.


Fundación de Santafé de Bogotá. Oleo de Pedro A. Quijano. 1938.

Cristóbal Arias de Monroy, siempre al lado de su fiel amigo y compañero Alonso Domínguez Beltrán, prestaba atención impertérrito a los hechos que estaba viviendo; llevaba poco más de dos años en Indias y su vida había tomado un rumbo que el mismo nunca había podido imaginar. Nació en la villa de Almodóvar del Campo, dependiente del arzobispado de Toledo en el Reino de Castilla, allá por 1507 y sin ventura ni desventura había pasado allí su infancia y juventud. Con algo más 25 años, sin mujer al cargo y sin posibilidad de abandonar la misera vida que le esperaba en el secarral manchego, se decidió a emprender el camino hacia las Indias. A su pueblo habían llegado noticias sobre un mundo lleno de riquezas y oportunidades más allá del océano.

Busco su ocasión y en 1535 esta apareció. Se embarcó como soldado voluntario en la expedición organizada por D. Pedro Fernández de Lugo para conquista de la denominada provincia de Santa Marta y la exploración del rió Magdalena, en la actual Colombia. Entre los mil doscientos hombres que componían el contingente estaban el propio hijo de D. Pedro, Alonso Luis de Lugo, con cargo de capitán, así el lugarteniente o teniente de gobernador, Gonzalo Jiménez de Quesada.

Cristóbal había sentido miedo en el barco, todo era nuevo para él, nunca antes había visto el mar. Los aproximadamente dos meses de travesía le resultaron eternos en aquel barco de madera. Cuando por fin pisó tierra firme, en el asentamiento costero de Santa Marta, una sensación de tranquilidad y sosiego recorrió su cuerpo. Llegaba a un mundo nuevo dejando atrás su pueblo natal, su familia y sus amigos; un sentimiento de melancolía atrapaba su mente en las noches silenciosas, era muy posible que jamas volviera a la tierra de sus orígenes.

Su primera misión fue servir a las ordenes de D. Luis de Lugo pacificando las tierras de la región Santa Marta, fue una época en que la tuvo que romper con todo lo conocido para aprender su nuevo oficio, que algunos denominaban como descubridor o conquistador. Ya con rango de soldado de infantería y ballestero se alistó en la expedición para explorar el río Magdalena capitaneada por Gonzalo Jiménez de Quesada. La expedición partió el 5 de abril de 1536 con 670 hombres, un grupo recorrería la ribera por tierra y otro grupo por agua remontando el río. Jiménez de Quesada se encargó del grupo que iba por tierra, del cual formaba parte Cristóbal. En las instrucciones de la expedición quedó estipulado que el contingente, en su ruta hacia el Virreinato del Perú, debía procurar la paz con los indígenas que hallase en el transcurso y la obligación de pedirles oro para financiar la conquista. Si los aborígenes se negaban a pactar la paz y a colaborar con los españoles, el capitán general podría emprender contra ellos una guerra a sangre y fuego, que permitiría apropiarse de los bienes de los enemigos y subyugarlos. Al cabo de un tiempo se dieron cuenta que Perú seria inalcanzable, estaba demasiado lejos y por ello tras una dura travesía decidieron parar en el lugar donde se encontraban.


En verde la ruta seguida por la expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada. https://es.wikipedia.org/wiki/Conquista_de_Colombia

Cristóbal rememoraba lo que habían vistos sus ojos, las enfermedades, la falta de agua potable y alimento, la desesperación frente a lo desconocido y los enfrentamientos con los indígenas. Tras un duro recorrido finalmente encontraron oro y joyas, pero el precio pagado y las penurias y sufrimiento que había visto y pasado no sabía si justificaba las riquezas encontradas. Pero sin duda lo que más admiración le causaba era la selva; esta manifestación de la naturaleza era diferente a todo lo que había visto antes, su vegetación tupida, sus caminos y sendas llenas de peligros, los grandiosos ríos que la atravesaban, los pájaros de colores imposibles, el ambiente irrespirablemente húmedo, tan distinto al clima de su Mancha natal, seco y caluroso en verano y frío en invierno. En la selva llovía con una fuerza e intensidad inimaginables para él antes y el clima apenas cambiaba en todo el año. Cristóbal fue uno de los pocos en poder ver la laguna de Guatavita y los ritos cubriendo de oro a personas que allí se hacían, sin duda el Dorado estaba cerca y el había ido allí para encontrarlo. Mientras asistía a la ceremonia religiosa dio gracias a Dios por lo que estaba viviendo, se sentía dichoso, tenía 31 años, continuaba vivo y por fin había conseguido lo que que había venido a buscar, riqueza y una esperanza en el futuro. Dos meses antes, el 6 de junio de 1538, tras hacer los pagos de deudas: salario al cirujano, costo de medicinas, plomo, hilo para ballestas, arcabuces, hachas, azadones, clavos, etc., las donaciones a las iglesias de Santa Marta, el pago de misas por los difuntos y la obligatoria erogación del quinto real, se dividieron un total de 148,000 pesos de oro puro, 16,964 pesos de oro de menor calidad y 836 esmeraldas entre los supervivientes de la expedición.

Tras la fundación de Bogotá la vida continua para Cristóbal, el cual sigue alistándose en más expediciones. Tras asentarse un campamento en Santa Fe, el capitán Gonzalo regresó a España para tomar posesión de las tierras conquistadas dejando al mando a su hermano Hernán. Éste de carácter frío y ambicioso organizó una expedición para buscar el Dorado. Ya tiene el grado de cabo principal de compañía y el virus del oro se ha inoculado profundamente en su cuerpo, por lo que no duda en acompañar a Hernán. La expedición, que llegó hasta Quito, resulta ser un fracaso, más muerte y penuria, llegando a tener que sacrificar a sus propios caballos para alimentarse, pero nuevamente sobrevive al infierno y regresa Santa Fe. Allí sigue ganando fama por su valor entre los descubridores.

Pasa los años asentado en Santa Fé de Bogotá gestionando las encomiendas de Machetá, Manta y Tiribita, situadas en el valle de Tenza en los limites del Zipango, cuya gestión le fue conferida por sus méritos como descubridor de la región. En 1559, ya con fama de aguerrido conquistador y experto conocedor de la región centro de la actual Colombia, se alistó en la expedición capitaneada por Francisco Martínez de Ospina y Medinilla con el fin de buscar minas de oro y plata. Contaba con más de 50 años, pero su espíritu seguía necesitando aventuras. Caminaron a través de las desapacibles tierras de guasquias y guarinoes, cruzando los caudalosos ríos que descienden desde el Nevado del Ruiz para llegar al valle del Corpus Christi. El 13 de Diciembre de 1560 fundan la ciudad de Nuestra Señora de los Remedios; pero sobre todo hay un hecho que convierte a esta expedición en el gran éxito de su vida, encuentran minas de oro.


Situación de Machetá, Manta y Titirita, cercanas a la actual Bogotá (esquina superior derecha).

En pago a su participación en la expedición le asignan una nueva encomienda de 100 casas cerca de los Remedios. Le quitan las otras encomiendas por causas no muy claras, pero al final ante el abandonó en la gestión de la encomienda de los Remedios, recuperó las quer anteriormente le habían pertenecido y donde los indios le tenían un gran aprecio. La encomienda de los Remedios le fue dada a otro conquistador de nombre Diego de Ortíz.

A sus 53 años, con rango de Capitán podía ya disfrutar de una buena posición social en la sociedad de Sante Fé de Bogotá, no obstante algo le faltaba por hacer todavía, casarse. Desde que pisó las Indias la exploración y pacificación había ocupado su tiempo sin tener tiempo para dedicarse a formar familia alguna. Por su mente circulaba la figura de Catalina Siliceo, encomendera extremeña e hija de Lorenzo Blanco y María García de Siliceo. Comenzó a convivir con ella y tuvieron una hija fuera del matrimonio, Francisca Arias de Monroy. En 1576 a los 71 años de edad por fin llego el momento de consagrar su unión y se casaron, nunca es tarde si la dicha es buena, pensaría Cristóbal. Antes que con Catalina había tenido aventuras con algunas indias locales de las que habían nacido otros hijos, como Juan o Jesús Monroy, que no había reconocido al estar fuera del matrimonio.

Los últimos años los pasó entre sus encomiendas y Santa Fé de Bogotá, donde había alcanzado casa solariega, debidamente autorizado por Felipe II. En 1579, a los 72 años de edad fallece en la citada ciudad, hacía 44 años que había llegado a la región de Nueva Granada y en ella se había asentando, encontrando la fortuna que no le fue concedida en España; en ese pedazo de tierra, en Santa Fé de Bogotá había encontrado su dorado particular. Cada vez que algo de paz llegaba a su vida recordaba los campos adehesados campos del sur de su Castilla natal e imaginaba que regresaba a la villa de Almodóvar del Campo con gran boato y fortuna. Siempre que podía escribía cartas a sus familiares que se quedaron en España contándoles sus andanzas, seguro que sus aventuras habían hecho volar la imaginación de sus antiguos paisanos, propiciando que algunos siguieran sus pasos a las Indias.



Extracto de El Carnero. Conquista y Descubrimiento del Reino de Nueva Granada. Juan Rodríguez Freyle. 1636

Su hija, Francisca Arias de Monroy, heredó las encomiendas y se caso con el alguacil mayor de Santa Fé de Bogotá, D. Francisco de Estrada, el cual había llegado a combatir con Don Juan de Austria en Lepanto, Túnez y Flandes. Tuvieron una hija, Ana María de Herrera y Calderón, pero las relaciones entre madre e hija no fueron buenas y a la muerte de Doña Francisca en el testamento las encomiendas las legó a Doña Constanza del Prado de Guevara. Se planteo un pleito entre las herederas y las encomiendas quedaron vacantes por resolución de la Real Audiencia. Tras este hecho la única descendiente legítima de Cristobal Arias de Monroy ingresó en el convento del Carmén de Bogotá hasta su muerte, extinguiéndose la descendencia directa del conquistador.

Cristóbal Arias de Monroy es reconocido como uno de los Manchegos Ilustres de la época de Cervantes, según José Sanz y Díaz, Académico de la Real de Bellas Artes y Ciencias históricas de Toledo y nos ha parecido interesante recordar sus viajes y aventuras a través de la selva en la actual Colombia. Asimismo la vida de Cristóbal Arias de Monroy nos lleva hasta un tema de actualidad, la falta de trabajo y futuro en el mundo rural, que empuja a sus habitantes a tener que ir lejos de su hogar, vemos que este problema no es nuevo y en el siglo XVI ya existía una problemática, con sus matices, similar a la actual. A estás personas que tienen que ir lejos para buscar un futuro mejor dedicamos la historia de nuestro paisano Cristóbal, y que su ejemplo de emprendimiento, superación frente adversidad de las circunstancias perdure y sea recordado.

Referencias:

Manchegos Ilustres en la época de Cervantes. José Sanz y Díaz La Mancha. Revista de estudios regionales, 4 (octubre-diciembre 1961).

El Carnero. Conquista y Descubrimiento del Reino de Nueva Granada. Juan Rodríguez Freyle. 1636.

La provincia de Ciudad Real en el Nuevo Mundo (siglos XVI y XVII). Andrés Mejía Godero. Bliblioteca Oretana, Ediciones C&C.

Tributo y trabajo del indio en Nueva Granada. Maria Angeles Eugenio Martínez. CSIC. 1977.

Etnohistoria de subachoque. Siglos XVI - XVII. alvaro E. Bermudez Paez. Instituto Colombiano de Antropología. Revista Colombiana de Antropología Vol XXIX, 1992.

La expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada al mar del sur y la creacion del Reino de Nueva Granada. José Ignacio Avellaneda Navas. Banco de la República. 1995.

Cronicas de Bogotá. Tomo I, capitulo VII. Pedro Marias López. Banco de la República

Unidos Municipio Macheta.

Machetaquerida.blogspot.com

http://ruborpuebloscundinamarca.blogspot.com.es/2009/07/macheta-y-manta.html



El pasado 10 de mayo se celebró el día de nuestro Santo, San Juan de Ávila, una figura referente por su santidad y enseñanzas en el clero a nivel mundial y relevante por sus escritos en las letras del siglo de oro español. Su influencia en la vida en la vida religiosa del siglo XVI en España es fundamental y sirva a modo de ejemplo indicar que fue consejero de seis santos: San Ignacio de Loyola, Santa Teresa, San Juan de Dios, el cual comenzó su vida en santidad tras escuchar un sermón de San Juan de Ávila, San Francisco de Borja, San Pedro de Alcántara y Fray Luis de Granada. 

En el caso de su ciudad natal, Almodóvar del Campo, su influencia trasciende lo que podemos imaginar dado  el número de personajes con relevancia dentro del clero que salieron de estas tierras tras él. El excepcional número de personas calificadas de venerables nacidas en Almodóvar es un hecho sin par en la religiosidad hispánica, y a ello trataremos varias entradas futuras.

Cuadro de San Juan de Ávila sito en la "Casa del Santo". Este cuadro, pintado poco después de su muerte ya fue citado en el testamento de Juan de Ávila y Gutiérrez del Castillo, clérigo sobrino del Santo.

Hoy nos vamos a centrar en una parte de su proceso de Beatificación de San Juan de Ávila. Para que ésta se lleve a cabo, según el derecho que rige este acto, es necesario probar la existencia de un milagro realizado por el candidato. Don Leopoldo nos ha cedido parte de información que ha recopilado sobre el Santo y entre ella se encuentra un documento de Título “Sobre la duda de si existen y hay milagros para la causa de la que se trata”, que se encuadra dentro del “Decreto de Beatificación y canonización del Venerable Siervo de Dios Juan de Avila Sacerdote Secular llamado Maestro”. Este documento emitido pocos meses antes de la Beatificación del Santo, que fue proclamada el 6 de Abril de 1894 por el Papa León XII, cerraba la Causa de la Beatificación del Santo,  a falta de sanción final del Decreto por el Santo Padre. Sin más os transcribimos el texto del decreto:

Decreto de Beatificación y canonización del Venerable Siervo de Dios Juan de Ávila Sacerdote Secular llamado Maestro

Sobre la duda de si existen y hay milagros para la causa de la que se trata.

El Venerable Juan de Ávila, en el siglo XVI fue preclaro ejemplo y ayuda para la Iglesia por la alabanza de sabiduría y santidad con las que floreció. En sus costumbres y escritos aparecieron aquellos indicios de sabiduría “que viene de arriba”, descritos por el Apóstol Santiago; con cuyos preciosos frutos el cristiano agrada a Dios y es aprobado por los hombres.

Verdadero Sabio según Cristo, “evangelizo sus investigables riquezas” tanto predicando con la palabra divina como en la vida en el camino de la perfección espiritual, ayudando con consejos y escritos, y también resplandeciendo él mismo con sus ejemplos. Hizo estas cosas con tanto aumento de la gloria de Diós y provecho de las Dios, Ignacio de Loyola, Francisco de Borja, Pedro de Alcántara y Teresa de Jesús, quisieron regirse por sus consejos, y le dieron el nombre de “Maestro”.

Muerte de San Juan de Ávila. Litografía sita en la "Casa del Santo". 


Todas estas cosas, con la misma fama que murió brillante a los 70 años en Montilla año 1569, después se aumentaron con los prodigios que se decía haber afirmado Dios su santidad. Por la cual, se empezó a tratar la Causa de Beatificación ante la Sagrada Congregación de Ritos y el Papa Clemente XIII declaró haber llegado al grado de heroicidad de sus virtudes el 19 de febrero del año 1759. Luego se discutió 5 veces sobre dos milagros atribuidos a su intercesión: Primero en manos del cardenal Luis Biblio Ponente en la Causa en la reunión preparatoria el 12 de Julio del año 1875; luego en la triple reunión en el Vaticano el 15 de abril de del año 1884; el 13 de diciembre del año 1889, y el 15 de septiembre del año 1891, además del 10 de diciembre del año 1892 ante nuestro Santísimo Señor León Papa XIII en la misma sede del Vaticano, en donde los Reverendos Cardenales y Padres Consultores de esta Sagrada Congregación, reunidos cada uno dio su voto. El Papa, habiendo oído el juicio de tanto que se implorase la luz del consejo celestial.

Hoy Domingo 25 después de Pentescostés, en el que se recuerda la fiesta del Patrocinio de la Bienaventurada Virgen María, habiéndose ofrecido el Sacrificio incruento de la Misa, estando en el solio Pontificio en el eaula del Vaticano, mando venir a sí a los Reverendos Carnenales Cayetano Luis Masella, Prefecto de la Sagrada Congregación, con el R. P. Agustín Capra Promotos de la Santa Fe, y a mí el infrascrito Secretario, y estando todos delante sancionó con solemne decreto: “que hay constancia de tres milagros propuestos , a saber, el primero: La curación instantánea y perfecta de Catalina Rodríguez del Rio de un tumor flemoso y, por presentación de éste, de una grave lesión de la arteria en la región ileo lumbar derecha; de un segundo y tercero : Liberación de la muerte y curación instantánea y perfecta de Francisco Martín del Burgo y de José Gómez de unas quemaduras graves por polvo pírico”.

Y ordeno que se divulgase este Decreto y se publicara en el acta de la Congregación de rotos sagrados el 12 de Noviembre del año 1893:

Carnenal Luis Masella S.R.C Prefecto.

Vicente Nussi S.R.C. Secretario.


A media mañana de un día de primavera el sol continua desplazándose en su trayectoria cercana ya a su cenit. Todo parece seguir la rutina diaria cuando un Rolls Royce blanco aparece en la plaza Mayor de Almodóvar del Campo. El vehículo se desplaza despacio, llamando la atención de los pocos transeúntes que están a mediodía en la plaza y calles aledañas. El vehículo se detiene pasada la entrada principal de la iglesia. Se abre la puerta delantera del Rolls y baja el chófer, ataviado con una larga levita blanca y gorra a juego. La escena fuera de lo habitual no pasa desapercibida a ojos de los vecinos, que se paran a observar la escena. El conductor abre la puerta trasera del vehículo y lentamente baja Primitivo Garach Espinosa.

Anuncio de calzados Garach

Primitivo tiene casi 90 años y nada más bajar mira hacia el edificio del ayuntamiento, respira profundamente, cuando dejó Almodóvar estaba recién construido, hace ya más de 60 años. –Ya hemos llegado– pronuncia con acento sevillano y regusto manchego. En este pueblo pasó su juventud y ahora viene a despedirse de él. Aquí vivió con sus padres, Francisco y Purificación y sus hermanos, Evarista, Everilda, Iltrudis, Francisco y José. Gira el cuerpo y caminando pausadamente entra en la iglesia.

Tras charlar animadamente con el párroco durante un rato, hace un generoso donativo para la iglesia y para el convento de las monjas Jerónimas. Sale de la iglesia por la puerta principal y se acomoda de nuevo en su automóvil. Le indica al chófer que ponga rumbo hacia el cementerio, pero antes quiere pasar por la calle de Postas (actual calle San Miguel), en ella estaba la casa de su juventud, es esa calle había jugado con sus hermanos y vecinos.

Extracto del Anuario-Riera 1908, pág. 1.601; en la sección de zapaterías aparece Francisco Garach

Los recuerdos se le agolpan en la mente, se acuerda de una anécdota en la que un paisano de una aldea llamó a la puerta de su casa, y cuando abrió su hermana Everlinda preguntó: ¿Vive aquí pajas largas el “cobetero”? –a lo cual su hermana contestó: –No, se ha equivocado usted, aquí vive Francisco Garach, el pirotécnico.– El paisano se excusó amablemente por haber molestado y volvió a preguntar –¿Pero aquí venden “cobetes”?– Una tímida sonrisa se dibuja en la cara de Primitivo al recordar aquello, su padre, de mote pajas largas, por los cohetes con los que comerciaba, regentaba una pequeña zapatería además de vender productos pirotécnicos.

Con él aprendió el negocio que luego guiaría su vida, la venta de zapatos. Los hijos de aquel zapatero escogieron el trabajo de viajantes. Sus hermanos mayores y él mismo hacia 1920 comenzaron a viajar por diferentes ciudades del sur de España. Contaba sólo con 16 años cuando en sus primeros viajes se topó con la ciudad de Sevilla, de la cual se enamoró. Su padre murió el 15 de septiembre de 1922 y ello les obligó a tener que salir del nido de forma temprana, en todo caso ya hacía tiempo que se habían dado cuenta que Almodóvar se les quedaba pequeña para sus negocios e inquietudes. Con 34 años, en pleno otoño de 1936 y con la guerra civil en sus inicios, invirtió sus ahorros en la apertura del establecimiento que fue su vida, el de la calle Tetuán de Sevilla, su escaparate estaba junto a la farmacia del Globo. Su hermano Francisco se asentó en Granada y el tercero de los hermanos, José, falleció en la contienda. Los dos hermanos que quedaron forjaron una amplia red comercial en Andalucía y norte de Marruecos, especializándose en el calzado de calidad. Primitivo recuerda esos viajes en hidroavión, atravesando el frente en plena contienda, a Mallorca a por género para sus tiendas. –En la Sevilla de entonces no se tocaba bien el zapato– sentenciaba con solidez cuando le preguntan el porqué de su éxito.

ABC edición de Sevilla 22-12-1986 pág. 31, artículo sobre Garach

Su fama se acrecentó y la zapatería Garach se convirtió en el punto de referencia de la venta de zapatos en Sevilla. Los duques de Medinaceli, la Duquesa de Alba, Pastora Imperio, la Niña de los Peines, Lola Flores, Manolo Caracol, Gallito, Antonio y Enrique el Cojo fueron algunos de sus asiduos clientes. Sus manos trataban con cuidado y buen hacer ese bien preciado que tenemos que son los pies. Su anuncio en Radio Sevilla: "Niñas, jovencitas, vuestros zapatos en Garach. Calzados Garach, imponen la moda..." marcó toda una época, la moda era tener unos zapatos de Garach. También recuerda su vida social, las noches con sus amigos Quintero, León y Quiroga y con la compañía de Concha Piquer. ¡Qué años! ¡Qué recuerdos!

Por un momento, al llegar al principio de la calle de Postas, se acuerda de cuando, siendo aun un niño, tocaba el clarinete en la banda de música. –Una vida rodeado de tanto arte y al final uno se acuerda de las cosas más sencillas– piensa con ingenuidad infantil.

Llegan al altozano y Primitivo indica al chófer cómo dirigirse hacia el cementerio municipal. En el paseo central del cementerio a mano izquierda, cerca de la entrada, se encuentra la tumba de sus padres, de su hermana Iltrudis y de un hijo de ésta. Su hermana Ilrtudis falleció en 1939 y su madre Purificación en 1951, sus otras hermanas al casarse fueron abandonando Almodóvar y ya no queda nadie de su familia aquí. Primitivo se sabe el último de su generación, su hermana Evarista murió en 1967, Everilda en 1979 y por último Francisco en 1981. Lentamente camina y deposita unas flores sobre la lápida familiar –¿Quién volverá a traer flores?– se pregunta con honda tristeza; es un momento muy íntimo para él, reza solemnemente el Padre Nuestro y se despide emocionado. Es muy posible que no vuelva ya por aquí más. Toda la vida pasa por su mente, se asusta de la rapidez con la que se suceden las escenas, y da gracias a Dios por cómo se ha portado la vida con él; sonríe tímidamente mientras regresa hacia su coche, recordando lo que escribían sobre él en su Sevilla del alma:

“…Don Primitivo era zapatero culto, leído, viajado, liberal donde los hubiera, compadre de otro gran maestro de su oficio, el sastre O´Kean. Paseaban los dos por la avenida camino del bar de los soportales de la calle Alemanes donde hacían tertulia y se les veía señores de la Real Maestranza del Comercio, esa que sin tanto cuento y tantas tonterías de los pergaminos y los cuatro apellidos dio a la ciudad riqueza, continuidad en el mercado frente a la inexpugnable fortaleza de las convenciones...”

Sección de Viajeros del diario El Defensor (Almodóvar del Campo), 24 de julio de 1921

Sevillano de adopción y manchego de origen. Su pasión fueron los zapatos, sus amigos y el Sevilla F.C. del que era socio protector. Ahora que veía cercano el final de sus días anhelaba por unos instantes aquella infancia feliz en el pueblo, jugando en la calle de Postas, asistiendo a la escuela, viendo los encierros, tocando el clarinete en la banda de música y disfrutando de la verdadera libertad que disfrutan los niños en los pueblos –qué corta era la niñez en aquellos tiempos– murmura sigilosamente. Un pedazo de su corazón siempre estará en este rincón de La Mancha. Indica al chófer como tomar el camino de salida y con voz seca le dice –al llegar al cruce gire a mano derecha, a Sevilla nos vamos por Navalrromo–.
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Francisco Garach Ríos se estableció en Almodóvar del Campo a principios de siglo XX, fundando un negocio de venta de zapatos y pirotecnia. Sus hijos, personas con gran inquietud, comenzaron el comercio de zapatos, convirtiendo a las zapatearías Garach en un referente en la venta del zapato en la segunda mitad del siglo XX, en las principales ciudades de Andalucía. Todavía recuerdo un viaje a Sevilla con mi abuelo Manolo cuando era niño, al pasar por la puerta de la Zapatería Garach de la calle Tetuán entramos a saludar a Primitivo, cuya familia había sido vecina de la nuestra en Almodóvar. Primitivo nos recibió amablemente y charló animadamente un rato con mi abuelo. Murió el 20 de abril de 1998 a los 96 años de edad. Con esta entrada queremos rendir un homenaje a esta familia de emprendedores.

El texto escrito es una ficción novelada sobre la última visita que hizo Primitivo Garach a mediados de la década de 1990 a Almodóvar. Los personajes y hechos descritos son reales. El viaje de Primitivo a Almodóvar también fue real y en él nos hemos basado para componer la historia.

Tumba de la Familia Garach en el cementerio de Almodóvar del Campo

Referencias:

ABC Sevilla 22-12-1986 pág. 31

Anuario-Riera 1908 nº 1 pág. 1.601

El Defensor (Almodóvar del Campo), 24 de julio de 1921

http://www.lapalanganamecanica.com/2011/09/tiempo-de-penuras.html

http://www.antonioburgos.com/mundo/1998/03/re031698.html

http://www.antonioburgos.com/mundo/1998/04/re042298.html
Martín Gutiérrez es recordado en Almodóvar del Campo con el nombre de una calle. También existe un cuadro pintado por el Maestro Palmero en el Salón de plenos del Ayuntamiento, donde figura como uno de los personajes ilustres nacido en Almodóvar. Suponemos que Alfredo Palmero idealizó su figura ya que no hemos encontrado cuadros originales de la época en la que vivió. Martín Gutiérrez tiene el titulo de venerable Padre (V.P.), primer paso en el proceso de beatificación y que nos indica que tuvo una vida conforme al evangelio, habiendo declarado el Papa sus "virtudes heroicas". Nos ha parecido interesante ahondar un poco en la vida de este personaje y reivindicar desde estas líneas su ejemplo y legado; perteneció a ese grupo inicial de emprendedores que viviendo la fe de forma especial convirtieron a la Compañía de Jesús en un referente en la enseñanza y vivencia de la espiritualidad. Quién sabe, quizás el V.P. Martín Gutiérrez pudiera convertirse en el tercer beato del pueblo, méritos no le faltan.




El V.P. Martín Gutiérrez en el cuadro pintado por el Maestro Palmero.

Durante el siglo XVI, Almodóvar del Campo fue cuna de numerosos personajes ilustres relacionados con el clero de la época, todos tenemos en mente a los santos, San Juan de Ávila y San Juan Bautista de la Concepción; pero también hubo otros como por ejemplo el obispo Juan Fernández Rosillo, al que ya dedicamos dos entradas, el V.P. Antonio Francisco Criptana, el V.P. Lucas de Almodóvar, Fray Alonso Lobo (según algunos autores nació en Almodóvar), o el propio V.P. Martín Gutiérrez. Mucho en este singular número de vocaciones es posible que tuviera que ver con la llegada de los Jesuitas (Compañía de Jesús) a Almodóvar, sobre 1540, al poco de su fundación por San Ignacio de Loyola. Esta llegada estuvo posiblemente alentada por San Juan de Ávila, que si bien no fue Jesuita, estuvo muy próximo a su pensamiento. A modo de ejemplo podemos citar el encuentro de San Juan de Ávila con Francisco de Borja (el personaje recreado en la serie de TV Carlos I), en la Alhambra, tras la muerte de la Reina Isabel de Portugal y que parece que tuvo su importancia en la entrada de éste en una vida más espiritual, y en su incorporación posterior a la Compañía de Jesús.

Los jesuitas fundaron una escuela en lo que hoy es la calle del Santo (antigua calle de Diego), a la que pronto fueron los muchachos del pueblo. La escuela estuvo en funcionamiento durante pocos años, hasta la llegada de los Carmelitas en 1575, los cuales y hasta que construyeron su convento estuvieron ubicados en la misma casa que habían ocupado los jesuitas. Posiblemente algunos de los  citados personajes del siglo XVI compartieran pupitre en la citada escuela.



Extracto de "Obras del venerable Maestro Juan de Ávila".

Martín Gutiérrez, nació en Almodóvar del Campo en 1524, y por la fecha de su nacimiento podemos pensar que pudo tener su primer contacto con los jesuitas en Almodóvar, aunque esto solo es una hipótesis. Después de estudiar sus primeras letras en Almodóvar, se trasladó a la Universidad de Alcalá para estudiar filosofía. Posteriormente pasó a la disciplina de medicina, siendo colegial médico y haciendo todos los actos correspondientes hasta conseguir pasar el examen de la Alfonsina, para graduarse como doctor. La Alfonsina Complutense fue el examen más duro de cuantos se realizaban en las universidades españolas en su época y solamente los mejores estudiantes pasaban este examen; que en sus tiempos era comparable a la Sorbónica de París. Así pues, aprobarlo era un motivo de gran orgullo y muestra de una gran erudición.

Por entonces era rector del colegio de Alcalá el padre Francisco Villanueva, acudiendo hasta él Martín Gutiérrez atraído por su prestigio como maestro espiritual. Su profesión de médico la comenzó a ejercer en un pequeño pueblo del arzobispado de Toledo, San Martín de la Vega. Sin embargo, los efectos de los Ejercicios espirituales le hicieron volver a Alcalá a buscar al padre Francisco Villanueva, siendo recibido en la Compañía de Jesús en 1550, cuando contaba 26 años.

Extracto de Los Confesores de Santa Teresa. La basílica Teresiana. Tomo IV, Epoca V, año 51. 15 de diciembre de 1901.

Al principio, Villanueva le dio el oficio de comprador, así pues Martín Gutiérrez, mostrando una gran humildad salía, a vista de la Universidad donde había contemplado sus estudios, con una sotana raída a adquirir lo que para la casa jesuítica fuese necesario. Tras una grave enfermedad, en 1551, fue enviado a estudiar a Salamanca teología con el maestro fray Pedro de Sotomayor. Concluidos sus estudios y una vez ordenado sacerdote, pasó a ocupar cargos directivos estratégicos como rector de los colegios de Plasencia donde llegó en 1558, Salamanca, donde llegó en 1565 y por último Valladolid donde llegó en 1572. La predicación y la dirección tanto espiritual como gerencial de los colegios ocuparon su carrera en la orden. Asimismo desde sus rectorados fomentó la devoción a la Santísima Virgen, en particular, en defensa de su Inmaculada Concepción.

En el otoño de 1569 siendo rector en Salamanca escribe a Santa Teresa de Jesús invitándola a llevar a cabo una fundación en la ciudad del Tormes. Al principio parece que a la Madre Teresa no la desagradaba la idea de fundar en Salamanca, ciudad universitaria, de letras y de letrados, pero no la convenció la propuesta que le hizo Martín, porque Salamanca, por aquel entonces, Salamanca era "ciudad de poca limosna", y las limosnas eran necesarias para la subsistencia de una comunidad de monjas fundada en pobreza. En todo caso finalmente Santa Teresa accedió y fundo la casa. Martín  Gutiérrez fue confesor de Santa Teresa, la cual nos dejó escrito sobre él: "hombre de gran santidad, de excelente juicio, de muchas letras y de muy buen púlpito".


Extracto de La Ciencia cristiana, 1878, página 405.

También durante su estancia en Salamanca fue la persona decisiva en el logro de que el colegio de los Jesuitas fuera incluido, en 1570, dentro de la Universidad. Acompaño a San Francisco de Borja en diversos viajes, cuando este era el General de la Orden, y mantuvo una fluida correspondencia con él.

Gaspar Astete, famoso teólogo jesuita y autor del Catecismo de la Doctrina Cristiana, refiriéndose al Padre Martín Gutiérrez nos escribe “Conocí al Padre Martín Gutiérrez en el año de 1553 al oír Teología en Salamanca, y juntamente presidía los domingos las conclusiones de los nuestros con tanta satisfacción y magisterio, que ponía en admiración a toda la Universidad, y más a los maestros Francisco Sancho y fray Pedro de Sotomayor, que entonces era catedrático de vísperas y después fue de prima de Teología”.

Martín Gutiérrez, tenía una personalidad profunda y espiritual y su capacidad de persuasión era extraordinaria. Su discípulo más conocido fue Francisco Suárez conocido como Doctor Eximius, y que fue un importante teólogo, filósofo y jurista Jesuíta. Según el Padre Luis de la Puente, el atractivo ejercido por su persona hacía que acudiesen a sus sermones “muchos doctores y colegiales de todos los colegios, y algunos iban a oírle en forma de colegio”. Martín Gutiérrez fue igualmente un gran catequista y a sus “doctrinas” acudían no solamente las clases populares más sencillas, sino muchos estudiantes de la Universidad. Así pues se convirtió en uno de los más famosos predicadores de Salamanca. Allí le empezaron a acometer fuertes cefaleas o dolores de cabeza, acaso migrañas, por lo que a veces sus sermones se los tenía que componer su amigo, el también jesuita padre Gil de la Mata. También es destacada su figura, hospitalaria y generosa por atender a las moriscas que recalaron en Salamanca y que se encontraban gravemente enfermas, después de que los moriscos granadinos fuesen dispersados tras la revuelta de las Alpujarras de 1569.


Virgen del Amparo pintada por Miguel Cabrera. Martín Gutiérrez es representado en la esquina inferior izquierda.

La devoción de Martín Gutiérrez por la Virgen le llevo a tener una visión de la misma, descrita por el padre Juan Eusebio Nieremberg “Se le apareció un vez la Santísima Virgen resplandeciente como el sol, llena de gloria y claridad, con un manto muy grande y extendido, debajo del cual tenía y amparaba a todos los de la compañía”. Esta imagen ha sido la base para la representación de la virgen protegiendo bajo su manto a los santos Jesuítas. A modo de ejemplo mostramos una imagen del cuadro Virgen del Amparo (Protectora de la Compañía de Jesús) pintado por Miguel Cabrera y que se encuentra en el templo de Santa Ana de Maracaibo (Venezuela). En el cuadro se representa a la Virgen y bajo ella los Santos Jesuítas. En la esquina inferior izquierda se puede ver a Martín Gutiérrez, representado por el Autor, para recordar el origen de la visión origen del cuadro.


Extracto de "La Heroyca vida, virtudes y milagros del grande S. Francisco de Borja". Álvaro Cienfuegos. 1717.

A la muerte de Francisco de Borja, en 1572 fue elegido, junto con otros padres profesos, para representar a la Orden en la III Congregación General que iba a tener lugar en Roma y donde se elegiría al sucesor del citado Francisco de Borja. Este hecho nos da idea del respecto que sus compañeros tenían hacia él y de la influyente posición que ostentaba en la Orden. De camino a Roma fue apresado en Cardeihac, en la región del alto Garona, junto a Juan Suárez, antiguo provincial de Castilla y entonces rector de la casa profesa de Burgos, y a Gil González Dávila provincial de Castilla. Encarcelados y torturados, el padre Martín, debilitado por el apresamiento, no pudo resistir y murió en la prisión el día 21 de febrero de 1573. La muerte de Martín Gutiérrez fue profetizada por Santa Teresa, la cual en un momento místico describe la visión del padre Martín Gutiérrez en el Cielo con la aureola de mártir. Juan Eusebio Nieremberg, recogiendo las tradiciones jesuitas, culminaba su texto "Vida del padre Martín Gutiérrez”, con un relato sobre la disposición de su muerte. Este comenta que tras la muerte del padre Gutiérrez, una mujer cuya procedencia se desconocía –"una mujer con hábito de Francesa”– acudió a amortajarle: "todos entendieron –concluye Nieremberg– que esta mujer era nuestra Señora o persona enviada por ella, para remediar el aprieto de sus siervos vivos y la necesidad de su siervo difunto".


Extracto del libro Año Virgineo de Estebán Dolz de Castellar, 1747.

Su cuerpo fue trasladado treinta años después por el padre Diego de Torres, de vuelta en Roma tras ser procurador de la provincia del Perú, entregándoselo al padre Alonso Ferrer, entonces provincial de Castilla de la Orden. A pesar de las peticiones del colegio de Salamanca, el cuerpo fue enterrado en la iglesia de la casa profesa sita en Valladolid en 1603.

A Martín Gutiérrez se le deben la costumbre, hoy universal, de que los centros universitarios abran su curso con la oratio auspicalis, que introdujo en el Colegio de la compañía de Salamanca en 1569. También se le debe, como hemos comentado, la fundación de las Carmelítas descalzas en Salamanca en 1570, su iniciativa y apoyo a Santa Teresa fueron vitales en esa apertura. 


REFERENCIAS:

http://buscandomontsalvatge.blogspot.com.es/2014/07/salamanca-colegio-jesuita-del-espiritu.html

Juan Eusebio Nieremberg, Firmamento religioso de lvzidos astros, en algvnos Claros Varones de la Compañía de Jesvs, cumplense en este tomo y en el antecedente vna centuria entera por… al excelentísimo señor don Gaspar Hurtado de Mendoça Moscoso Ossorio y Córdoua, Marqués de Almaçán, Madrid, por María de Quiñones, 1644, vol. II, p. 67.

Javier Burrieza Sánchez. La expansión de la Compañía de Jesús en España bajo la mirada de Francisco de Borja. Universidad de Valladolid.

Camilo María Abad, Vida del Venerable Padre Martín Gutiérrez.

Juan Eusebio Nieremberg, Varones ilustres (libro III, capítulo séptimo).

Javier Burrieza Sánchez. Los Jesuitas: de las postrimerías a la muerte ejemplar. Hispania Sacra, 124, julio-diciembre 2009, 513-544

Pedro de Guzmán, Historia de la Compañía de Jesús de la Provincia de Castilla la Vieja, Castellana 35-I, f. 462v

Francisco Sacchino. Segunda parte de la Historia de la Compañía

Diccionario histórico de la Compañía de Jesús, tomo II

Luis de La Puente, capítulo 27º de la vida del padre Baltasar Álvarez, Impresa aparte por Francisco Pérez de Castilla

Benigno Hernandez, S.J. El colegio de la Compañía y la Universidad de Salamanca en el siglo XVI. Desde sus orígenes hasta la incorporación a la Universidad. Studia historica, Historia Moderna, 1989.

Obras del venerable Maestro Juan de Ávila. Recopiladas por Thomas Francisco Aoiz. 1759.

Los Confesores de Santa Teresa. La basílica Teresiana. Tomo IV, Epoca V, año 51. 15 de diciembre de 1901

La casa de Santa Teresa en Salamanca. La basílica Teresiana. Tomo I, Epoca III, año 51. 15 de diciembre de 1897

Mónica Domínguez Torres. ¿Una visión frustrada? Un lienzo de Miguel Cabrera y la residencia jesuita en la Maracaibo colonial. Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas vol.29 no. 90 México 2007

http://www.paravosnaci.com/ampliar-noticia/salamanca--fundar-en-una-%93ciudad-de-poca-limosna

Íñigo Arranz Roa. Las Casas Profesas de la Compañía de Jesús: centros de actividad apostólica y social. La Casa Profesa de Valladolid y Colegio de San Ignacio (1545-1767). Universidad Pontificia Comillas. Madrid

Eduardo Agostini. Historia de Almodóvar del Campo

Hervás y Buendía, Inocente. Diccionario histórico geográfico, biográfico y bibliográfico de la provincia de Ciudad Real. Ciudad Real, 1914

https://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Su%C3%A1rez

https://es.wikipedia.org/wiki/Mart%C3%ADn_Guti%C3%A9rrez

http://amigosdelahistoria.almodovardelcampo.org/personajes-de-almodovar-del-campo/77-venerable-martin-gutierrez.html

Estebán Dolz de Castellar. Año Virgineo. 1747


Raúl de Scorraille y Pablo Hernández (trads.), El padre Francisco Suárez, de la Compañía de Jesús, Barcelona, Subirana, 1917, p. 102

Cfr. Charles O'Neill y Joaquín María Domínguez (eds.), Diccionario histórico de la Compañía de Jesús: biográfico-temático, Roma/Madrid, Institutum Historicum, S.I./Universidad Pontificia Comillas, 2001, vol. 2

Santa Teresa de Jesús. Fundaciones, capítulo XVIII.

La Heroyca vida, virtudes y milagros del grande S. Francisco de Borja. Álvaro Cienfuegos. 1717

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Jacinto Ruiz García-Minguillán, Patricia Ruiz Carmona y Jacinto Ruiz Carmona. Enamorados de los objetos antiguos, su restauración e historia; así como de las tradiciones y costumbres de nuestra tierra.

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