Aquella mañana en la secretaría del nuevo Ayuntamiento de Almodóvar del Campo pintaba para ser otro día anodino de reuniones con vecinos, sellos, padrones de animales y pesados expedientes de quintas. Yo, Robustiano Trujillo, secretario del Ayuntamiento me hallaba sentado tras mi mesa, sofocando los bostezos entre legajos, cuando el conserje irrumpió rompiendo el silencio del despacho y me encajó en la mano una carta con membrete extranjero: The Buckingham, 101 West 57th Street, New York. Me quedé mirando el sobre con los ojos como platos de loza, casi temiendo que al abrirlo saltara un espíritu novoyorquino. El nombre que venía como remitente en el sobre era Jose Vallhonrat, esto me dejo totalmente perplejo. Hacía ya un tiempo que el señor alcalde, alarmado por la absoluta falta de noticias de Pepe, que afligía a las hermanas y parientes de nuestro querido paisano, me encomendó tramitar, a través del consulado de España, una petición formal sobre su paradero. ¡Jamás imaginé que aquella gestión burocrática daría un fruto tan extraordinario!
Fotografía de Pepe Vallhonrat. El Defensor 10 de febrero de 1929.
Mientras sopesaba la carta, admirando su sello y acariciando el papel, me dio por reflexionar sobre los personajes ilustres nacidos en Almodóvar del Campo. Nos hemos hartado de llenar cuartillas y biografías con los nombres sublimes del sin igual San Juan de Ávila, del místico San Juan Bautista de la Concepción, de la venerable Francisca Rico, Ilustres como el padre jesuita Martín Gutierrez, Fray Antonio de Critana, Pedro de Almagro o el Obispo en Indias Juan Fernandez Rosillo. Más recientemente, también nacidos en Almodóvar del Campo tenemos ilustrados como Agustín Salido o su sobrino Francisco Laso, médicos de la talla de Eugenio Cimadevilla y Francisco Bada, o eminencias de la ingeniería como Valentín Vallhonrat y Gómez. Pero ¡Madre del amor hermoso!, ninguno de esos varones píos ni de esos sabios engolados tenía el salero, la guasa y la cara dura de nuestro querido José Gregorio Delfín Vallhonrat Cejuela, a quien todos llamamos cariñosamente Pepe.
Inscripción en el libro de bautismo de la Parroquia de Almodóvar del Campo de Pepe Vallhonrat.
Recordé la alcurnia del personaje, nacido un 24 de diciembre de 1888 y bautizado el día de Año Nuevo por el párroco don Jesús Cañizares. Su padre, don José Vallhonrat Costa, originario de Sabadell con un ojo para los negocios que tumbaba de espaldas, manejaba en el pueblo tiendas de ultramarinos, tahonas y hasta una fábrica de jabones junto a su hermano Pablo, mientras que su madre era doña María del Prado Cejuela Romero, natural de Ciudad Real. Nieto de los Vallhonrat, los Costa, los Cejuela y los Romero, Pepe era primo hermano del mismísimo ingeniero Valentín, pero ¡vaya dos ramas para un mismo árbol! Mientras su primo construía grandes edificios por toda España y era respectado en todos los ambientes, Pepe decidió tomar el camino de la pura bohemia.
Cancela existente en la entrada al patio de la vivienda que ocupa la tienda de Antonio Ñacle (Almodóvar del Campo), antigua tienda de ultramarinos de los Vallhonrat. Las iniciales JV indican José Vallhonrat, padre de Pepe. El año suponemos que es cuando se edificó la casa.
Se marchó a Madrid con un hatillo miserable de ropas y lleno de ilusiones para opositar a unas plazas de seis mil reales en el Tribunal de Cuentas. Mas ocurrió lo inevitable: fracasó en los exámenes bien por injusticia del tribunal o bien por pura desgracia. Indignado y asqueado de la tramoya burocrática, en un arranque insólito de rebeldía mandó los temarios y los engañosos libros de texto a hacer puñetas tirándolos por la ventana de la buhardilla, se embozó en su bufanda y, sin billete, sin equipaje, sin una perra chica y sin saber ni una puñetera palabra de francés, emprendió una veloz e insólita carrera hacia la Ciudad del Sena.
En la capital francesa, la picaresca de Pepe alcanzó cotas de sainete. Silbando tan campante una canción española por la calle, un compatriota le reconoció la traza y le colocó de mozo en el café Wagram, sito en la avenida de homónimo nombre. Al terminar la jornada, en vez de dormir, se iba a Magic City a bailar el tango argentino. Tanto le dio al taconazo que terminó creyéndose el rey de la pista y alcanzando una destreza sobresaliente. Un buen día, asistiendo como espectador a un concurso de bailes modernos en el Teatro Marigny ¡con nada menos que el duque de Manchester y Vanderbilt en el jurado!, Pepe se encaramó sobre su butaca enfurecido por la mediocridad de las parejas, pidió una voluntaria del público y saltó al ruedo con Mademoiselle Lucy, una famosa cocotte parisina. Se llevaron el primer premio por unanimidad y, de la noche a la mañana, el mozo del café se convirtió en el amante mimado de una de las mujeres más codiciadas de París, a la que encandilaba haciéndole creer que era nada menos que el hijo de un riquísimo político español enviado a Francia a estudiar.
Imagen que ilustraba una entrevista a Pepe Vallhonrat en el diario El Parlamentario 16 de octubre de 1914
De allí saltó a la gloria: debutó en el Jardín de los Campos Elíseos y llenó los carteles del Moulin Rouge, La Cigale, Folies Bergère, La Feria y el Olimpia. Luego fijó sus ojos en las Galerías Lafayette, donde encandiló a Laurette, una tímida y cándida muchacha que vendía perfumes, a la que convenció para enseñarle a bailar hasta hacer de ella una profesional consumada. Se fueron contratados al Maxim's de Moscú, famoso y exclusivo café-cabaret y salón de baile de la alta sociedad moscovita, muy conocido en la época por ser uno de los principales centros de moda para bailar el tango antes del estallido de la Gran Guerra, por dos mil quinientos rublos. Allí armaron tal revuelo con el tango que el propio príncipe Anastasie Nicolowa le sugirió al Zar Nicolás II que los llevara a palacio. En tren especial viajaron a San Petersburgo, actuaron en el Palacio Imperial y el mismísimo Zar en persona les ofreció champán y les regaló dos sortijas majestuosas: un rubí para Laurette y una esmeralda fabulosa para Pepe, una joya de la que nuestro hombre jamás se desprendería. Pasaron luego por Berlín ganando veinticuatro mil marcos en el Palais de Danse, y en Londres acabaron bailando para el mismísimo Príncipe de Gales en el Automóvil Club.
¡Y cómo no olvidar la gran sorpresa y el regalo fue tener a Pepe de vuelta entre nosotros durante la Feria de septiembre de 1914, la última vez que pudimos abrazarle en Almodóvar! Coincidiendo con los triunfos taurinos de nuestro paisano Ramón Cervera en la plaza, Pepe y Laurette actuaron en el Teatro con la compañía internacional de varietés, encandilándonos con sus danzas exóticas junto a los músicos «Devino y Petit» y la cupletista Mari Rudi. Don Julián Morales Ruiz dejó escrito en Vida Manchega que pareció que el ambiente del Alhambra, Folies Bergère o del Marigny se hubiera trasladado a nuestro pueblo. Fue un orgullo inmenso ver a sus hermanas, primos y amigos aplaudir rabiosamente su arte y escuchar de viva voz sus alucinantes andanzas por el mundo. Pero tras aquella visita estival y sus giras por España y Europa, llegó la Gran Guerra, Pepe cruzó el charco y se lo tragó la tierra. ¡Llevábamos trece años de absoluto e insondable silencio sin saber si estaba vivo, muerto o comido por los caníbales!
Pepe y Laurette. Revista Vida manchega, 25 de septiembre de 1914
Acariciando suavemente la carta que tenía entre mis temblorosas manos, rajé el sobre con el abrecartas y desplegué las hojas. ¡La madre que lo parió! Lo primero que leí me dejó patidifuso: el propio comunicado del consulado español que le entregaron a Pepe en Nueva York llevaba mi rúbrica, pues el señor alcalde me había hecho tramitar la búsqueda a petición de sus desesperadas hermanas. Pepe comenzaba escribiendo entre risas: "Querido Robustiano... al presentarme a dar mi dirección vi que el comunicado lo firmaba Trujillo; ¡no podía ser otro más que tú!".
Al avanzar en la lectura, la mandíbula se me fue cayendo hasta rozar el tintero. Pepe me confesaba sin empacho que hacía cerca de ocho años que había mandado el teatro a paseo, cansado de la monotonía de la farándula, no sin antes haber actuado en Washington en la obra “The new dictator” y en el mismísimo Broadway en 1920 encarnando al Señor Hoakumo en la obra The Girl From Home junto al famoso actor Frank Craven. De la linda Laurette se había separado en completa armonía, habiéndose casado ella en Nueva York con un paisano suyo que, por ironías del destino, ¡se dedicaba al mismo negocio que Pepe!
Anuncio de la Obra "The Girl From Home" en el periódico New York Dramatic Mirror. 8 de mayo de 1920.
¿Y a qué se dedica ahora nuestro bailarín de tangos?, me preguntaba yo con el corazón en un puño. ¡Pues al comercio de piedras preciosas! Resulta que con unas cuantas monedas de a duro que logró ahorrar por milagro y valiéndose de su labia y de su infinita red de amistades de la alta sociedad, Pepe se estableció como comerciante de brillantes y hoy presumía de ser uno de los expertos más reputados de Nueva York. Me contaba que el invierno pasado una importante firma lo mandó en barco a Australia, Japón y las islas Haroca a comprar perlas y zafiros, habiendo paseado su estampa por Calcuta, Shanghái y pasando un mes entero todos los años en La Habana, a la que calificaba con regocijo como el Monte Carlo del Nuevo Mundo debido a la ley seca norteamericana.
Eso sí, de sentar cabeza ni hablemos. Me confesaba que vivía con una americana y que era incapaz de llevar una vida recta de hogar. Se ganaba un dineral —entre dos mil y tres mil dólares mensuales—, pero según entraban los billetes por la puerta, salían volando por la ventana entre cabarets, juergas y parrandas nocturnas. Decía textualmente que entre mangas y capirotes a fin de mes solo lograba ahorrar dos o tres ridículos dólares. Pepe concluye pidiéndome que le responda con noticias de Almodóvar y me ruega que haga llegar su afecto y recuerdos a sus hermanas y familiares si aún viven, pues la vorágine de la vida neoyorquina le hizo perder sin querer el contacto con los suyos.
Edificio donde se ubicaba The Buckingham Hotel, 101 West 57th Street, New York, dirección de la carta escrita por Pepe.
Cerré la carta soltando una carcajada que resonó en los pasillos del Ayuntamiento y me puse la chistera a toda prisa. ¡Menudo fenómeno nuestro Pepe! Sin encomendarse a Dios ni a los libros de leyes, aquel huido de Almodóvar había conquistado Manhattan a taconazos y a golpe de diamantes. Salí corriendo de la secretaría en dirección a la casa de sus hermanas para darles la tremenda noticia: aquel muchacho audaz de Almodóvar, que salió de aquí con un simple hatillo, sigue deslumbrando al mundo desde el corazón de Nueva York.
=========================================================================
Un indudable espíritu emprendedor y aventurero el de Pepe como queda patente en su azarosa vida, de opositor sin suerte, camarero, bailarín de tangos, actor y comerciante de piedras preciosas. Por sus comentarios parecía muy agradecido a la vida y a los placeres que le ofreció. Un carácter alegre y jovial se desprende de la lectura de la carta que escribió a su amigo Robustiano Trujillo. No sabemos si Pepe volvió por Almodóvar del Campo alguna vez, pero en los registros de viajes que he podido consultar indican que realizó viajes a Europa y en América hasta mediados de la década de 1950, indicando siempre que su lugar de nacimiento fue Almodóvar del Campo y su profesión mercante o joyero. Donde quieras que descanses, un abrazo Pepe.
Registros de viajes de Pepe Vallhonrat de los años 1937 y 1957. En el primero de los registros indica como lugar de nacimiento Almodóvar del Campo y de profesión joyero
Referencias:
El Parlamentario. Madrid 16-10-1914
El Defensor. Almodóvar del Campo 10-2-1929
Revista Vida manchega 25-9-1914
Partida de Bautismo de José Vallhonrat. Archivo Parroquial, Almodóvar del Campo
Evening star (Washington DC) March 4 1920
https://www.broadwayworld.com/people/Jose-Vallhonrat/
El Imparcial. Madrid 25-8-1914
The Washington times (Washington [DC]) March 7 1920
Statue of Liberty & Ellis Island Foundation
La Tribuna. Madrid 30-7-1915
Daily mail. 1938-07-20.




















.png)



