Aperos

Hemos creado este Blog, a partir de la publicación on-line del libro "Aperos y Objetos Olvidados", con la idea de compartir con vosotros un patrimonio que con los años se está perdiendo, historias de objetos, historias de costumbres e historias de personas, en definitiva nuestra historia. Un abrazo a todos y esperamos que disfrutéis de su lectura.

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© Jacinto Ruiz Carmona. Con la tecnología de Blogger.
Un nudo en la garganta, esa es la sensación que Óscar Correal tenía cada vez que releía el discurso que iba a pronunciar en breves momentos. Era un buen orador y no tenía porque ponerse nervioso, pero el recuerdo de su buen amigo Emilio le provocaba una sensación de congoja que le subía desde el estómago a la garganta y no le dejaba apenas hablar. Emilio lo había sido todo para él, amigo, compañero, apóstol y esperanza que se apagó una fría tarde de enero, con solo 26 años, hacía ya un año. Hoy 26 de enero de 1916 se cumplía justo un año de su muerte y en su memoria se había organizado una velada en el teatro municipal.
Fotografía de Emilio Gallego. Fotografía de Hermes Pato, hacia 1912. Extraída del libro Imágenes vividas, Ayuntamiento Almodóvar del Campo.


Era una de esas tardes en las que los huesos se entumecen y lo único que apetece es estar sentado al calor de un buen brasero de picón, azuzando las brasas con el badil; pero solo oír el nombre de Emilio Gallego y poder participar de su recuerdo hizo que el pueblo se movilizara, y que el teatro se abarrotase para escuchar a los participantes en la velada. En el escenario Waldo Ruiz recitaba una poesía, mientras tanto Óscar repasaba sus notas…

“Equivocado o no, porque nadie es capaz de saber donde está la verdad o la mentira, Emilio Gallego al orientar su pensamiento político, al abrazar la bandera republicana, fue porque vio o creyó ver que amando como amaba el bien, la verdad y la justicia, desde ese campo político el mejor sitio donde los podía defender, batallando reciamente hasta conseguir dejar el camino libre, sin barreras u obstáculos, que la detengan, a una humanidad que aspira a obtener un poco de bienestar social, ese bienestar social que muchos le regatean, que muchos derrochan como manirrotos o pródigos, sin detenerse a pensar que pudieran remediar muchas miserias, que podrían enjugarse muchas lágrimas, que podrían convertirse en gratitud y amor los odios y rencores que destilan las almas. Por eso Emilio Gallego, que sentía por los humildes intensos cariños, que sentía como propios los dolores del pueblo, por sus ideales luchó bravamente hasta caer rendido”.
Anuncio de la Velada Necrológica homenaje a Emilio Gallego. 26 de enero de 1915. 


Óscar recordaba los momentos que habían vivido juntos, desde aquel premio que recibió Emilio en los juegos florales que tuvieron lugar en las fiestas del año 1906, con su escrito sobre el origen y desenvolvimiento de la ciudad de Almodóvar del Campo, hasta la gran cabalgata artística alegórica que se celebro en el otoño de 1910 y que llenó el pueblo de gente; Emilio deslumbró como organizador del evento. Un alma inquieta, siempre tenía que estar con algo entre manos, una conferencia, un mitin, las interminables tertulias en los atardeceres de verano y la noches en vela preparando los números del periódico local El Ideal, del que Emilio era el director; todos éstos recuerdos se agolpaban en el pensamiento de Oscar. 
Segundo acto escena III de la obra "Entre dos amores", escrita sobre un abanico. 

Fuiste un gran escritor y nos dejaste tu más preciado tesoro en la obra “Entre dos amores”, cuando ya casi conocías el desenlace de tu vida. Estudiaste para abogado pero en tu alma estaba escrito que querías ser político. Emilio, querías cambiar el mundo y sabías que desde la política era la única forma de hacerlo, así pues siguiéndote entré en el partido radical de Alejandro Lerroux, por entender que era el pensamiento más cercano a nuestras ideas, liberales, anticlericales y republicanas.
Escena final de entre dos amores. Estrenada el día 25 de diciembre de 1914 en el teatro Municipal de Almodóvar del Campo. Fotografía publicada en la revista Vida Manchega, número 150, 25 de enero de 1915.


Sin desdeñar a los de arriba, a los que perteneciste por la posición social de tu familia, mostraste predilección por los de abajo, los humildes, combatiendo por ellos, y para ellos fueron tus más acendrados afectos. Fuiste la vanguardia en todo, emitiendo tu pensamiento por escrito, enseñando al pueblo a pelear en los comicios, con dignidad y nobleza y educándolo en conferencias y mítines. Echaste sobre tus hombros la ingrata misión de luchar con gallardía y denuendo por reivindicaciones sociales más justas y equitativas, y a lo Quijote te atreviste a mandobles y lanzazos contra los molinos de viento del desorden organizado, ganándote, injustamente, la enemistad de oligarcas y caciques, por no avenirte a ser un positivista más de la escuela de picaros y farsantes, a los que despreciaste con gesto olímpico.

Faltaban ya pocos minutos para saltar al estrado y Óscar recordaba su último viaje juntos…

Fotografía de una carroza de la gran cabalga artística. Fotografía de J. Bueno 1910, Extraída del libro Imágenes vividas, Ayuntamiento Almodóvar del Campo. Los conductores de la carroza son Benigno Correal y el Alcalde. Una crónica de este desfile se puede leer en el siguiente enlace: Pueblo Manchego, número 1281, 3 de octubre de 1916.

“Era por las proximidades de las elecciones pasadas de diputados a Cortes. Llamados por D. Alejandro Lerroux para asistir a la asamblea del partido radical que había de celebrarse en Madrid, Emilio Gallego y yo concurrimos a ella, acatando el mandato de nuestro jefe. Quizás por pasión política, pero yo os digo, y con esto no hago más que reproducir las palabras del pobre Emilio, que recuerdo perfectamente, que aquella asamblea daba la sensación de lo sublime, de lo grande, porque presidiéndola Lerroux, que era lo bastante, allí estaban Giner de los Ríos, El sabio Salillas, Jaén Fuentes, Albornoz, entre otros hombres eminentes. Todos estos señores hicieron uso de la palabra, y cuando, descorazonado, desconfiaba que pudiera ser requerido Emilio para que hablara, que eran mis ardientes deseos, vi alzarse la figura de Lerroux y dirigiéndose a él le dijo: -Mi buen amigo Gallego tiene la palabra-. Mi verdad os digo, por la emoción, yo no sé lo que habló, ni cómo lo habló, si estuvo o no elocuente, lo que sí puedo deciros, que mientras Emilio hablaba las pupilas luminosas de Lerroux, como si quisieran bucear, leer en el pensamiento, en él se clavaron, y al terminar, al resonar los aplausos de la multitud, de los hombres eminentes, los brazos de Lerroux, del luchador, le estrecharon fuertemente. El momento fue de emoción, la mirada de Lerroux y la mía se cruzaron y se entendieron; por su rostro vi cruzar la tristeza, porque presentía lo irremediable; mis labios dijeron una blasfemia: mis ojos lloraron. Recordarlo siempre, lloradlo siempre, que lo merecía.”
Necrológica de Emilio Gallego recogida en el diario El Pueblo Manchego, año V número 1216, publicado el 27 de enero de 1915 .

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Emilio Gallego fue un, político, escritor y abogado de principios de siglo XX que nació en Almodóvar del Campo. Su pronta muerte truncó una prometedora carrera política. La lucha por el bienestar social de las clases más necesitadas y la oposición al caciquismo rural fueron sus señas de identidad políticas. Sus amigos y compañeros reivindicaron su figura en periódicos locales, dejando patente su fuerte personalidad, pensamiento y legado. Como curiosidad sus compañeros solicitaron varias veces que la actual calle Rodero pasara a llamarse calle de Emilio Gallego, no llegando nunca sus peticiones a ser refrendadas por el ayuntamiento.
Esquela recordando el séptimo aniversario de la muerte de Emilio Gallego. Semanario El Defensor, año III, número 102, 22 de enero de 1922.

Para escribir esta entrada nos hemos basado principalmente en dos artículos publicados en el diario “El Defensor” en los años 1920 y 1921, por Jacinto Reyero y Óscar Correal respectivamente. El artículo de Óscar Correal reproducía el discurso realizado en la velada necrológica que se celebró en el primer aniversario de la muerte de Emilio Gallego. Con esta entrada queremos homenajear a Emilio, para que su recuerdo perdure.


Han pasado casi 13 siglos desde el primer asentamiento estable en este pedazo de tierra del sur de La Mancha, en la región de la Oretania occidental. Este asentamiento se produjo con la llegada de los árabes a la península a principios del siglo VIII. Antes, los romanos e íberos habitaron este territorio pero no dejaron fundada ciudad alguna en el valle del río Tirteafuera. De las dos grandes ramas agarenas que entraron, bereberes y siriacos, fueron estos últimos, comandados por Caleb, los que se asentaron y construyeron el Castillo hacia el año 745. lo situaron en una loma cercana a una laguna con el fin de asegurarse el bien del agua y desde la que de forma escondida y discreta se podía vigilar el valle. 
Regreso por Almodóvar de una expedición victoriosa durante la época musulmana (dibujo de Alfredo Palmero de Gregorio).

La fortaleza se nombro de Almudevar, que significa Agua Redonda, en alusión a la laguna que existía a su pies y comenzó gozando de una gestión autónoma. La plaza se encontraba en un lugar estratégico en la ruta que unía Toledo con Córdoba y debido a esa situación singular comenzaron las luchas entre los propios árabes por poseerla. En el año 756 perdió esa especia de autonomía y pasó a poder del Emirato de Córdoba; en el año 790 recobró su independencia con el caudillo Caleb-ben-Hafssum. El tercer Emir de Cordoba Alhakén I lo conquisto en el año 810, pero los árabes de Toledo entraron en él nuevamente el año 853 aunque poco duro su posesión porque el Emir lo tomó al año siguiente. Finalmente en el año 870 se produjo una gran batalla entre las huestes de Abd al-Rahman-ibn-Marwan, que se alió con Alfonso III de Leon, y los poseedores de la plaza, en la que algunos historiadores llaman la batalla de Almodóvar. En esta batalla se hizo prisionero al nuevo emir Mohamed y fue probablemente la primera vez que las huestes cristianas visitaron la zona.
Ayuntamiento de Almodóvar del Campo. Año 1928

Pero esa serie de alternativas es bien pequeña comparada con la que había de iniciarse al ser conquistado el castillo por los cristianos. Ocho fueron las reconquistas de la plaza por las mesnadas de la Cruz, a partir de la primera conquista efectuada por el gran Alfonso VI en 1085; aunque en el año 1086 la recuperó el emir de Sevilla. Al casarse el monarca con la hija de Al-Mu’tamid, rey taifa de Sevilla, la llamada infanta Zaida, que había de bautizarse y tomar el nombre de Isabel, el castillo de Almodóvar figuró como dote de la nueva reina cristiana por lo que se restituyo el dominio cristiano sobre la fortaleza. Durante unos años se convirtió en escenario de conferencias entre cristianos y árabes, colo lugar fronterizo. A la muerte de Alfonso VI, en 1109, volvió al poder de los mahometanos. La siguiente reconquista tuvo lugar en 1130, por Alfonso VII, que lo perdió, como su predecesor, en 1140. Se explica la obstinada porfía por poseer esta plaza, pues Almodóvar, junto con Calatrava y Almedina, era el más importante baluarte de la región, ya que como indicamos anteriormente se situaba estratégicamente a mitad de camino entre Toledo y Córdoba.

El banco de Santa Teresa, se conservaba en el Camarín del Carmen

El espíritu de las cruzadas transformo en odio de razas lo que había sido hasta el momento oposición de ambiciones, y la lucha entre cristianos y árabes entró en una nueva fase. Alfonso VII trajo a la Mancha a los famosos caballeros Templarios y con ellos conquistó Almodóvar en 1147. En esas fechas aparecieron los caballeros Calatravos, que con Raymundo de Fitero a la Cabeza se ofrecieron a defender la región, lo cual no pudieron realizar, pues el empuje de los almohades hizo capitular nuevamente la plaza en 1157. Los calatravos resistieron en su fortaleza de Calatrava la vieja la nueva avalancha agarena y adquirieron el firme propósito de defender y rescatar Almodóvar y toda su región.

Los primeros maestres lo intentaron infructuosamente, pero el tercero Martín Pérez lo consiguió en 1173, aunque su victoria quedo empañada por la crueldad del maestre, que mandó degollar a los 200 cautivos apresados tras la toma del Castillo. Los árabes volvieron nuevamente sobre Almodóvar, tomando el castillo, pero el Calatravo atacó con resultado eficaz recuperándolo. Más aun había de caer en el poder del alarbe nuevamente cuando, en 1195, los cristianos sufrieron una de sus más grandes derrotas, la batalla de Alarcos.
Interior de la Iglesia parroquial. Año 1928

Almodóvar, como toda la región de la Mancha, fue finalmente reconquistada por Alfonso VIII a principios del siglo XIII, poco antes de la victoria en las Navas de Tolosa (año 1212). Fueron veintidós en total las conquistas del castillo de Almodóvar por cristianos y árabes, caso único en la historia de la reconquista, y por ello se justifica que al quedar definitivamente en poder de los cristianos, no hubiese en este lugar población importante, que no pudo edificarse con tan continuada peripecia bélica.

Sería necesario un gran espacio para glosar los restantes recuerdos históricos de la ciudad de las veintidós reconquistas, como con propiedad puede ser llamada Almodóvar. A poco de la victoria de las Navas se fue formando un poblado a la sombra del Castillo. Adscrito a la Orden de Calatrava, que desde entones aumentó gradualmente su pujanza, ésta restauró la fortaleza y levantó la muralla que rodeó a la primera. Fue entonces cuando se agregó a la denominación primitiva el determinante del Campo, para recordar que formaba parte del campo de Calatrava, y de esta  forma el nombre de la población quedó en Almodóvar del Campo.
Vista panorámica de la laguna. al fondo se aprecian las siluetas de los dos antiguos molinos de viento.

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En 1928 D. Ángel Dótor nos regaló un precioso artículo publicado en la revista La Esfera en su número 780, el 15 de diciembre del año indicado. El motivo de su artículo fue la publicación del libro Historia de Almodóvar del Campo, escrito por D. Edgar Agostini. En esta entrada nos hemos basado en el mismo para para contaros el devenir de la ciudad de las 22 reconquistas, caso único en la historia de España y que nos indica la estratégica posición que tuvo Almodóvar del Campo entre los siglos VIII y XIII.  La entrada la hemos completado con algunas de las imágenes que se presentaban en la publicación. 

Con esta entrada completamos la historia del desaparecido Castillo de Almodóvar, al que ya dedicamos una entrada sobre su situación y como era.

El articulo completo, publicado en la Revista la Esfera, lo podéis descargar del siguiente enlace:

La ciudad de las 22 reconquistas

Espero que os guste.

Referencias:

La ciudad de las 22 reconquistas. Ángel Dotor. Revista La Esfera, número 780, 15 de diciembre de 1928.

Cosas de Almodóvar, E Agostini. 1923

Hace poco os contamos cómo se elaboraba el jabón de sosa, jabón que se utilizaba para lavar antaño en las casas. Por supuesto el jabón se usa y se ha usado siempre para lavar ropa, en la limpieza domestica y en el higiene personal, pero ¿Cómo se desarrollaban estas tareas cuando no disponíamos de las comodidades que actualmente nos brindan nuestro hogares? es esta entrada os mostraremos algunos objetos que se utilizaban y como se hacían estas labores.

Hasta hace no mucho las casas no disponían de lavadoras, ni siquiera de agua corriente, por lo que las tareas de limpieza eran mucho más trabajosas, hasta el punto incluso de derivarlas en gente que se especializaba en ello. Llegó a existir un gremio, el de las lavanderas, que por no mucho dinero o a cambio de viandas lavaban la ropa de sus vecinos. Tarea muy dura y no bien pagada.

Diversos modelos de planchas, algunas de carbón y otras ara calentarlas en fogones.

Cuando no llegaba el agua a las casa, en general  no se solía lavar la ropa en el hogar por razones funcionales y de higiene, únicamente alguna prenda suelta se podía lavar en la pila que solía haber en los patios. Lo más habitual era ir a lavar las ropas y en especial lo que se llama la  ropa de cama a los lavaderos y allí también se “soleaba” para blanquearla.

En muchos pueblos había  lavaderos en las zonas por las que pasaban los arroyos o en zonas cercanas a pozos y albercas. Estos edificios cayeron desuso durante años, pero en muchas localidades, si no se derrumbaron, se están volviendo a restaurar por su valor como referencia histórica, acción que nos parece muy positiva para que se conozca como era la vida no hace tanto. En Almodóvar del Campo no tenemos constancia de que existiera un lavadero público como tal, o por lo menos no quedan restos de él, tan solo podemos encontrar restos de unos pequeños lavaderos en el conocido como el “Huerto Arriba”. También se iba a lavar al “Huerto Silvestre”. Hasta estos lugares se transportaba la ropa en burros o en carrillos, y las mujeres se reunían en ese lugar para lavar. El Huerto Arriba se situaba en el camino que sube a la Santa desde el huerto de Corchado. En la siguiente imagen os mostramos una toma aérea con la ubicación del huerto.

A la izquierda podemos ver la ubicación del Huerto Arriba, situado al Suroeste de Almodóvar, en el camino que lleva su nombre. A la derecha la flecha roja nos indican donde se ubicaba el lavadero dentro de la huerta, hoy en día en ruinas. Se aprecia la estructura redonda de la alberca y las dos rectangulares a su lado que eran los lavaderos.
En la fotografía de la izquierda vemos cómo eran los lavaderos, os cuales estaban divididos en dos partes, ya que en una zona se enjabonaba y en otra se aclaraba. También se aprecia la inclinación de la piedra hacia dentro, donde se apoyaban las tablas de lavar o se lavaba directamente sobre la piedra. A la derecha tenemos los restos de la alberca con la Santa al fondo.

La tarea de lavar consistía en mojar la ropa, enjabonarla, golpearla, frotarla y antes de aclararla se extendía sobre la hierba para “solearla”, de esta forma se conseguía blanquearla. Las prendas se frotaban sobre piedras o sobre tablas que se sumergían, por su parte inferior, en el agua. Cuando las prendas ya estaban limpias y aclaradas se extendían sobre arbustos o tendederos de madera para que se secasen al sol.

Esta tarea podía durar una jornada, ya que se llevaban a los huertos toda la ropa de cama de la casa. Había que dejar tiempo para cada uno de los procesos de enjabonado, soleado, aclarado y secado, y por ello también se convertía en un acto social ya que las mujeres aprovechaban esos días para juntarse, contarse sus cosas y echar unos cantes.
Tabla de madera para lavar la ropa y unos trozos de jabón. La parte curva de la tabla era en la que se apoyaban las lavanderas y la parte de arriba, la recta, era la que se introducía en el agua. Las estrías horizontales servían par frotar mejor la ropa.

Tras el lavado y el secado llegaba la tarea más ardua para algunos y relajante para otros: el planchado. Las planchas más antiguas eran simples piezas de metal con una cara lisa y un mango de madera, que se calentaban encima de la placa de los fogones de las cocinas de carbón. Más tarde se evolucionó a las planchas de chimenea, en cuyo interior se ponía carbón ardiendo, de esta forma no hacia falta tener que estar calentando la plancha en el fuego. La evolución nos ha llevado a las planchas eléctricas y este pequeño electrodoméstico no ha parado de añadir funcionalidades para asombro de sus usuarios.
Planchas antiguas, las que se calentaban en los fogones. Fotografía sacada del libro de aperos y objetos olvidados.

Evolución de las planchas, a la izquierda la conocida como plancha de chimenea, en la parte ancha se metía en carbón ardiendo. La plancha de la derecha es una de las primeras eléctricas, se puede apreciar el enchufe (aunque sin cable) en su lateral.

Antigua tabla de planchar de madera, sólo tenían unas patas que sostenían la parte más ancha, la parte estrecha se apoyaba en una encimera o en una mesa.

En pocas lineas os hemos contado el proceso de lavado, secado y planchado, pero esta tarea doméstica precisaba para su realización a veces hasta un par de días… Con razón mi abuela Eulalia siempre decía que uno de los mayores inventos del siglo había sido la lavadora.


En el duro invierno castellano siempre apetece un plato caliente. En esos días, la sopa de ajo o sopa castellana, la llamemos como la llamemos, aparece como uno de los grandes manjares de nuestra gastronomía popular y sin duda uno de los mejores reconstituyentes que existen para catarros, resfriados… y resacas!!

Hoy queremos dedicarle un pequeño homenaje a esta sencilla receta apta para todos los paladares y bolsillos.
Sopas de ajo listas para tomar.

Y aquí estamos, una manchega y un salmantino cocinando esta delicia y debatiendo su origen y su nombre, que nos quedan nada claro. Unos dicen que es una sopa típicamente Castellana, como uno de sus nombres indica y otros dicen que su origen es manchego, que nació de la humilde cocina de los pastores, los cuales tan sólo llevaban en el zurrón unos ajos, un poco de pan duro y algunas especias. La sencilla receta se pudo extender por toda la geografía ibérica gracias a la trashumancia y el plato fue modificando su receta, adaptando sus ingredientes a los existentes en cada zona, sin perder la base del ajo y el pan.

La sopa de ajo a la andaluza es básicamente igual a la castellana pero añadiendo coliflor y sin condimentarla con pimentón, además no es caldosa sino espesa; en la costa le suelen verter trozos de pescado.  A la sopa de ajo aragonesa se le añaden huevos y picatostes. En la provincia de Cuenca, la variante local toma el nombre de sopa de pastor y en lugar de pimentón se usan pimientos choriceros.  En La Rioja la hacen con tomate y pimientos.  En Soria se añade un puñado de setas senderuelas al refrito con los ajos y al pimentón. En Segovia se le añaden cominos y se deja reposar la sopa en el horno.  La mallorquina se elabora con cebolletas tiernas y berzas. En el País Vasco se prepara una sopa de ajo con bacalao llamada zurrukutuna, elaborada con pan de sopa: sopapo. Y seguro que nos dejamos muchas variantes a lo largo de la geografía Iberica.

El nombre de Sopa Castellana se puso para diferenciar la sopa hecha en Castilla de la que se hacía en Leon.  En la sopa Castellana el pan se añade al principio de la cocción mientras que en las provincias Leonesas el pan se añade al final de la cocción del caldo.

Aunque actualmente se consume principalmente en comidas y cenas, ha sido un almuerzo muy frecuente en las zonas rurales y siempre asociado a trabajos en el campo. También es muy típico su consumo bien entrada la noche, por ejemplo, en Zamora se sigue tomando en Semana Santa durante el jueves santo como alimento de los cofrades de la “procesión de los borrachos”. Al ser una receta muy humilde está muy ligada a la cuaresma y a la Semana Santa, formando parte de la gastronomía de nuestro país en dichas fechas. tras escribir estas lineas no podemos dudar de que España huele a ajo, y esta sopa nos es una de sus principales razones...y si no que se lo digan a Victoria Beckham.
Ingredientes necesarios para elaborar nuestra Sopa de Ajo.

Huela a lo que huela es lo que estamos cocinando en el frío día de hoy y a continuación os dejamos nuestra particular receta, que no es ni la autentica, ni la mejor, ni la más sofisticada, es la receta de la Sopa de Ajo que nos enseñaron a hacer nuestras abuelas.

Ingredientes (para los dos aquí presentes que estamos cocinando):

- Aceite de oliva. 
- 6 ó 7 dientes de ajo, como dirían nuestras abuelas “al gusto”.
- Pimentón dulce, una cucharadita. - Jamón picado en daditos.
- 8 ó 9 rebanadas de pan duro.
- 2 huevos, uno por persona.
- 3 vasos y medio de agua.

Como veis no somos muy concretos en nuestras mediciones pero es que la receta tampoco lo requiere, sale rica siempre, aunque a veces lleve más de unas cosas y otra veces de otras.

Como se hace:

Se pone en una cacerola un chorreoncito generoso de aceite de oliva a fuego medio, se pican los ajos y se sofríen en el aceite. Cuando estos se empiecen a dorar se añade el jamón, y cuando este haya tomado color añadimos el pimentón dulce. Mezclamos todo durante escasos segundos para que no se nos queme el pimentón y añadimos el agua.

Dejamos cocer el caldo y cuando entre en ebullición añadimos el pan. Hay que probarlo para ver el punto de sal.
A la izquierda tenemos ya el sofrito con el ajo, el jamón y el pimentón y el agua, a la derecha añadiendo el pan.


El pan se puede tostar antes, o freír o añadir directamente, sin más. A nosotros nos gusta tostado.

Cuando veamos que el pan empieza a ablandarse añadimos los huevos, damos unas cuantas vueltas y directo a la mesa!! ¡Así de sencillo!


Sopa de Ajo en plato de La Cartuja.

El dramaturgo Ricardo de la Vega hizo un poema dedicado a las siete virtudes de las sopas de ajo:
Siete virtudes
tienen las sopas
quitan el hambre,
y dan sed poca
Hacen dormir
y digerir
Nunca enfadan
y siempre agradan
Y crían la cara
colorada

Así que ya sabeis, que cuando el grajo vuela bajo y hace un frío del carajo hay que tomar ¡Sopas de Ajo!

El barco se alejaba lentamente del embarcadero mientras el sol desaparecía en la bahía de Nagasaki en la triste tarde del 6 de septiembre de 1614. La nao portuguesa, con rumbo a Manila, donde se confinaban los misioneros no estaba preparada para este transporte. El provincial de la orden había previsto, tras el destierro decretado por el Tokugawa Hidetada, que vía Filipinas solo salieran entre ocho y diez personas. Los hechos se precipitaron y las difíciles circunstancias en las que se encontraban hicieron que se embarcaran treinta y ocho Jesuitas y seglares en un barco, ya de por sí, repleto de otros exiliados. No había sitio para todos; sabían que la travesía seria dura, tendrían que dormir en la cubierta del navío expuestos a las inclemencias de los cielos, soles y vientos.

Fray Antonio de Critana era uno de los jesuitas embarcados. Contaba con 66 años y había llegado a Japón hacía ya 30 años; su vida era aquel país. Tuvo que aprender su idioma, cultura y tradiciones. Tras un largo periodo de incertidumbre, ahora se veía avocado al destierro. Tenía el corazón atravesado por la congoja, únicamente su fe le permitía seguir adelante, la misma fe por la que era desterrado. Tal era su estado que pidió que le suministraran la extremaunción, acción a la que sus compañeros se negaron, lo querían demasiado y no podían permitirse su pronta marcha, había que llegar a Manila.

Asido a su mano se encontraba su buen amigo Francisco Calderón. Se conocían desde que ambos vivían en el convento de Siguenza, donde Antonio era novicio y Francisco aspirante. Francisco le susurraba al oído la historia de la peregrinación que ambos hicieron a pié desde Siguenza a Alcalá; de cómo tuvieron que pedir limosna y cargar con su hatillo como símbolo de pobreza, de cómo las tentación de abandonar habían rondado por su cabeza y cómo, gracias al ejemplo y consejos que Antonio de Critana le dió, acabaron la peregrinación juntos. No en vano debido al informe que hizo Antonio al Provincial, Francisco fue admitido en la Orden. El destino había querido que ambos acabaran en aquel confín del mundo, camino de Manila en una nao portuguesa justo 41 años después.

Francisco conocía bien los origines y vida de Antonio, la cual repasaba mentalmente. Este había nacido en Almodóvar del Campo, cuna del Maestro Juan de Ávila, en 1548. Sus padres, parientes del Maestro, desde joven le enseñaron el camino de la fe y los jesuitas, asentados en Almodóvar durante su niñez, despertaron una vocación que parecía venir preconcebida. Cuando tuvo edad suficiente pasó a la Universidad de Alcalá de Henares donde curso Filosofía. Tras acabar estos estudios comenzó los de teología, que interrumpió por su entrada en la orden. Finalmente los terminó destacando en teología moral, derecho canónico y liturgia. Ya integrado en la orden pasó siete años como ministro en la residencia que la orden tenía en Toledo.

Estando en Toledo comenzó a oír las historias evangelizadoras de Francisco Javier en Japón y su espíritu inquieto le hizo abandonar la acomodada situación que tenía en Toledo. Antonio puso rumbo hacia oriente, donde realmente sentía que sus hermanos lo necesitaban. Así el 10 de abril de 1584, cuando contaba con 36 años, junto con ocho compañeros se embarcó hacia Japón.

Su barco fondeo en el puerto de Hirado dos años y cinco meses después, en agosto de 1586, una dura y larga travesía para llegar a un mundo nuevo. Un mundo por conocer y una nueva vida le esperaba en aquella tierra. Nada mas llegar lo destinaron a la misión de Bungo, pero el avance de las trotas de Satsuma, el cual estaba en contra de los jesuitas, hizo que finalmente acabara en la ciudad de Yamaguchi. Allí comenzó a aprender el idioma local. El edicto de expulsión de Toyotomi Hideyoshi le hace cambiar nuevamente de ciudad. Fue superior de la orden en la ciudad de Hondo (Amakusa) y luego pasó a Kawachinoura. Una vez asentado y debido a sus conocimientos en teología y derecho canónigo, así cómo por su observancia en el cumplimiento de las reglas, fue nombrado en 1598 ministro y prefecto de la iglesia en el colegio de Todos los Santos de Nagasaki. Allí pasó 16 años, hasta que llego el edicto de Tokugawa Hidetada.

La persecución a los jesuitas había sido constante desde que llegó. Cada vez más personas se convertían al cristianismo y las autoridades locales veían este hecho con recelo. El edicto de expulsión definitivo lo firmo Tokugawa Hidetada en febrero de 1614, a partir de esa fecha la situación se hizo insostenible para los Jesuitas. Se comenzó a agrupar a los misioneros y a algunos seglares en Nagasaki, a la espera de la salida de las naos portuguesas que los llevarían a Macao y Manila. En marzo comenzaron a forzar a la apostasía a los cristianos y los martirios de seglares se hicieron frecuentes. A principios de septiembre de 1614, de forma desesperada, se embarcaron dejando aquella tierra Nipona. Unos 28 frailes se quedaron en Japón incumpliendo la orden de expulsión…

El barco continuaba su camino hacia Manila, tenían unas 5 semanas de viaje. El estado de Fray Antonio de Critana era cada vez peor. Por unos días mejoraba, pero al final volvía a recaer. Agotado por las penalidades que había vivido en los últimos meses y la dureza del viaje, tras recibir la extremaunción, muere el 28 de noviembre de 1614, cuando le quedaban menos de 30 leguas para llegar a tierra. Acababa de expirar y sus compañeros lo veían como un mártir. El capitán del barco ante la cercanía de la tierra y las peticiones de los compañeros se avino a permitir que el cuerpo de Fray Antonio llegara a tierra. Así pues, dispusieron su cuerpo en un cajón de madera y lo veneraron. Fue provisionalmente enterrado en el pueblo de Mariveles, prefectura Agustina Recoleta. Posteriormente fue trasladado a la Iglesia del Colegio de San Ignacio en Manila.

Antonio de Critana se destacó por su caridad. Sus conocimientos como teólogo, así como su carácter humilde y recto le hicieron ser recomendado al obispo de Japón Luis Cerqueira que le tuvo como consultor del obispado y juez de las causas matrimoniales, tema complejo de abordar en la sociedad japonesa del siglo XVI. Destacó como promotor de la cooperación de la orden jesuita con otras ordenes para la evangelización de Japón. Su proceso de beatificación se abrió el en Roma el 24 de mayo de 1901.

Hace unas semanas se estreno la película Silencio dirigida por Martín Scorsese. En ella se cuenta la historia de uno de los misioneros Jesuitas que se quedó en Japón tras decretarse su expulsión por Tokugawa Hidetada. Coincidiendo con este hecho nos ha parecido interesante buscar información y escribir esta entrada sobre la vida del Venerable Padre Fray Antonio de Critana, un almodovense que viajó a Japón en el siglo XVI, ejemplo de inquietud espiritual y personal, caridad e inconformismo. Todos los personajes y hechos contados están basados en las referencias bibliográficas. Como ultima aclaración indicamos que el nombre del Fraile aparece en algunos textos o webs como Antonio Francisco de Criptana o Antonio Francisco de Quintana.

Referencias:

Labor Evangélica, Ministerios Apostólicos de los obreros de la Compañía de Jesús. Francisco Colin.

Diccionario Apostólico de la Compañía de Jesus. Charles E. O’Neill

Vida del dichoso y venerable padre Marcelo Mastrilli
Paseando hace unos días por los alrededores del bonito pueblo de Trujillo, me encontré con un antiguo lavadero. Tras unos minutos viendo la restauración que se había hecho del edificio me vino al pensamiento la labor que suponía el lavar y limpiar la ropa  no hace tanto tiempo. También me vino a la mente el olor del jabón de sosa y recordé esa especie de piedras blancas que de pequeño veía en la pila que había en el patio de mi casa. En esta entrada vamos a recordaros como hacer el jabón de sosa, el jabón de siempre, por si os animais a hacerlo.  
Antiguo lavadero restaurado

Para realizar la acción de lavar necesitamos tres ingredientes, lógicamente la ropa sucia, agua y el jabón.  El agua por si misma no diluye la grasa y por ello es necesario el jabón, cuya composición permite eliminar las manchas de grasa. De eso ya se dieron cuanto los antiguos, pero no es nuestro objeto contaros la historia del jabón, lo que os queremos contar brevemente el como hacerlo. En casa seguimos haciéndolo como antaño, a base de aceite y sosa, paciencia y unas cuantas noches helando. Aquí os dejamos nuestra receta que es bien sencilla, tan solo necesitamos:
  • Sosa caustica 
  • Aceite de oliva, si es usado ha de estar bien filtrado. También puede usarse aceite de oliva u orujo refinado, que es más económico. 
  • Agua 
  • Una paleta de madera 
  • Un barreño de plástico 
  • Un par de frías noches de invierno
En un recipiente de plástico se vierten 4,5 litros de agua y se añade 1 kg de sosa, la cual ha de disolverse removiendo la mezcla con la cuchara de palo. Una vez disuelta la sosa, la mezcla se deja enfriar unas 6 o 7 horas.

Hay que tener mucho cuidado en esta parte porque la mezcla de la sosa con el agua genera una reacción que expulsa calor y se pueden producir quemaduras si se toca la mezcla o nos salpica. Es necesario que durante todo el proceso se utilicen guantes de goma y además hay que tener mucho cuidado.
Sosa ya disuelta en agua y aceite, ingredientes necesarios para elaborar el jabón.

Una vez fría la sosa se van añadiendo en el barreño 4,5 litros de aceite de oliva poco a poco, sin dejar de dar vueltas con la paleta de madera, SIEMPRE EN LA MISMA DIRECCIÓN. Es necesario armarse de paciencia durante este proceso, ya que con unas cuantas vueltas no es suficiente. Para que el jabón ligue nos va a hacer falta una hora y media más o menos de vueltas continuadas. Cuando la mezcla se empiece a poner blanquecina y pesada (espesa) ya esta lista. Una vez terminado el proceso pasamos la mezcla a un molde (en casa ponemos un trapo de algodón encima del molde para que luego sea más fácil desmoldar la plancha de jabón y no se rompa) y la dejamos un par de noches o tres al raso hasta que se solidifique. Os mostramos unas fotografías con el resultado final.
Proceso de mezclado, en la fotografía de arriba la mezcla tras verter el aceite; en la fotografía de abajo tras un hora y media removiendo con la paleta de madera.

Como veis, conforme se va solidificando la mezcla, ésta se vuelve más blanquecina, y una vez ha endurecido ya se puede cortar. No os desesperéis si en la segunda noche aún no esta dura de verdad, esperad un par de noches más, ya que dependiendo del frío y la humedad del ambienten tarda más o menos en endurecerse. En todo caso el jabón resultante no se puede utilizar hasta pasados 40 días.
Planchas de jabón secándose y de jabón cortado en trozos. Antiguamente se cortaba con alambre.

Y con esto aún no nos hemos ido a lavar la ropa, tan sólo hemos preparado el jabón necesario para todo el año, ya que durante el verano el jabón no cuaja y no se puede hacer.
Jabón listo para quitar manchas

Cuando se hace la mezcla se puede añadir alguna fragancia para que nose note el olor de la sosa. Recetas de jabón existen muchas, casi que en cada casa había una. Os hemos presentado la que nos gusta a nosotros que es una de la mas sencillas. Una vez que tenemos el jabón ya no tenemos excusa para no frotar y limpiar las manchas.
Pilas con su piedra inclinada para frotar la ropa en un antiguo lavadero 

  
El otoño da sus últimos coletazos y llegan las primeras heladas. Siempre que llegan estas fechas recuerdo con nostalgia el olor a cebolla, calabaza y a leña quemada que inundaba la atmósfera los fines de semana en el pueblo, es tiempo de matanza. Costumbre perpetuada por algunos y denostada en estos tiempos por otros, la matanza ha sido sin lugar a duda una de las principales fuentes de alimentos que llenaron la despensa en los pueblos no hace tanto tiempo, y por eso había que celebrarla.

Petra, Eulalia, Esperanza y Pura, amasando chorizos.

La matanza se convertía y se convierte todavía en una fiesta en los pueblos agrícolas. Se reúnen las familias enteras y se invita a colaborar a los amigos cercanos. Se preparan comidas y somarros para todos; las aceitunas que se han guisado ese año ya se pueden degustar, así como la carne de membrillo, el mostillo y los dulces típicos que se han elaborado por Navidad. No en vano dice un refrán: “Hay tres días en el año en los que se llena bien la panza, jueves santo, viernes santo y el día de la matanza”. Y a ello vamos, porque dentro de los dos días y medio de trabajo que suele durar la tarea no va a faltar la comida y el aguardiente.

Era corriente ayudarse entre los familiares, puesto que se requiere abundante mano de obra para realizar las diversas tareas a realizar. Cada uno tiene su papel, las labores se distribuyen, unas requieren fuerza, otras maña, al final todos los que colaboran se mueven como en un teatro, acto a acto, paso a paso.

La matanza comienza con la crianza del cerdo. Al cerdo había que cuidarlo bien, ya que de él dependía parte del sustento familiar. Dependiendo del tamaño de las familias y de las posibilidades de criar a los animales se sacrificaban uno, dos o tres cerdos. 

Tripas, pimientos secos, pimentón... ingredientes para preparar los embutidos (fotografía del escaparate de la tienda de Colado en Puertollano).

Lo primero que se hacía antiguamente antes de comenzar la matanza era calentar el agua en los peroles de cobre; estos se colocaban encima de unas trébedes al fuego y éste se alimentaba con madera de la poda de las viñas. El agua caliente serviría para pelar al cerdo. Posteriormente éste pasó a pelarse con “abulagas” y en la actualidad se hace con sopletes de butano y piedra volcánica para raspar la piel.

La primera tarde se juntaban todos los hombres para sacrificar a los animales. La sangre que manaba al degollar el animal se recogía en una vasija de barro, teniendo cuidado de darle vueltas con la mano para sacarle la madeja y así evitar que se cuajara. Esta sangre se utiliza para poder hacer morcillas. La parte de la sangre que se cuajaba se hacía frita con cebolla… todo un manjar para gente sin complejos.

El tío Jacinto, la abuela Eulalia y el abuelo Manolo, viendo cómo se cocinaban las migas.

Una vez sacrificado el animal, se colocaba éste en unas artesas de madera donde se procedía a pelarlo y limpiarlo. En mitad de la faena se tomaba una tapa con algo de beber, ya que no podemos olvidar nunca el carácter festivo y de reunión familiar del evento. También era recomendable recobrar fuerzas dado que el peso del cochino no solía ser despreciable y para moverlo se necesitaba mucha energía.

Tras el descanso se procedía a vaciar el animal del cual se aprovechaba prácticamente todo, recordemos el refrán "del cerdo hasta los andares". Las mujeres limpiaban las tripas; antaño se lavaban en agua caliente con limón, y se utilizaban posteriormente para embutir los chorizos y salchichones. Actualmente se compran tripas artificiales, evitando esta laboriosa tarea. Aún así hay gente que sigue embutiendo en tripa de cerdo y siempre se dice que esos chorizos son los mejores.

La asadura (hígados, pulmones y corazón) se colgaba, haciéndole unos cortes para que escurriese bien la sangre y quedase limpia. La vejiga se utilizaba como balón con el que jugaban los niños. Se frotaba en una pared de cal para curtirla y se llenaba de aire. No duraba mucho pero era un entretenimiento para los más pequeños, que esperaban así también la llegada de estas fechas.

Máquina manual de embutir.

Una vez limpio el animal, se le colocaba unos “camales” (maderos) en las patas de arriba que servían para colgar al cerdo. Los camales se colgaban en un gancho de tal forma que quedase el cochino en posición vertical con la cabeza mirando al suelo. Ya colgados se sacaban las mantas de manteca que hay bajo la piel y unas muestras de carne para que el veterinario del pueblo las analizara y diera el visto bueno al cerdo. Se dejaba colgado una noche entera para que le cayeran los hielos del invierno. De esta forma era más fácil deshacerlos a la mañana siguiente.

Era corriente en las casas de agricultores sacrificar, además del cerdo, algún macho cabrío para mezclar las carnes al hacer los chorizos. Así se aprovechaba más la matanza. En casa del tío Jacinto se mataba un ternero y se hacía filetes, éstos se freían en aceite de oliva y una vez fritos se ponían en unas ollas u orzas con el mismo aceite y se dejaba enfriar. El aceite conservaba la carne durante todo el año. 

El segundo día de la matanza comenzaba bien temprano, se hacía una buena lumbre en la que se ponía un caldero para cocer calabaza, cebollas y patatas, con los que luego se amasarían los embutidos. En ese fuego también se elaboraban unas migas para el desayuno con las que se esperaban a los familiares y amigos que venían a ayudar. Había que coger fuerzas para el duro día de trabajo.

Despiece de una máquina de picar.

Éste era el día en el que se cocinaba la sangre frita y los somarros, una especie de pinchos que se hacían de lomo o de hígado según el gusto. La carne se ponía sobre unas parrillas en las brasas, se cortaba en trozos haciendo cuadrados y se condimentaban con ajo, pimienta y sal por encima; uno de los grandes manjares del día.

Los hombres eran los encargados de descolgar los cerdos y despiezarlos. Se sacaban los costillares, las mantas de carne, el espinazo, los lomos, los solomillos, las barrigueras, los torreznillos de papada, se descarnaban huesos, se cortaban los jamones y las paletillas.

Con toda la carne las mujeres seleccionaban las distintas piezas con las que se elaboraban los diversos embutidos. La carne se picaba y se dejaba en unos lebrillos donde se amasaba con especias: pimentón de la vera, vino, sal, pimienta blanca y negra en bola, orégano, patata, cebolla, calabaza y arroz. Éstos eran algunos de los ingredientes utilizados dependiendo del tipo de embutido que se quisiera elaborar. También se cortaba y picaba la cebolla, la calabaza y la patata. El olor a estos alimentos inundaba la atmósfera. Al final de la tarde se lavaban todas las herramientas y se preparaba todo para al día siguiente embutir los chorizos. Con ello acababa el segundo día.

Máquina para embutir, con motor anexo (se eliminaba el trabajo de darle a la manivela) y dornillo donde se amasaban chorizos.

El tercer día de matanza, “día de los chorizos”, transcurría dentro de la denominada cocina de la matanza, alrededor de la mesa y junto a la lumbre. Se repartían las tareas, unos se encargaban de ir poniendo la carne en la máquina de embutir, otros de meter la tripa y de ir rellenándolas con la carne, otros de darle vueltas a la manivela de la máquina y el resto ataban y pinchaban los embutidos, dejándolos listos para ser colgados en la cámara. Era crucial probar el bodrio (mezcla con la que se rellenan los chorizos) antes de embutirlo, se freía un poquito en la sartén y era la mejor tapa de ese día. Aunque el menú obligado de ese día era siempre un buen cocido, haciendo especial homenaje al que hacía la tía Esperanza.

A la vez que en la cocina se elaboraban los embutidos, en la cámara se procedía a salar los jamones y tocinos. La parte más difícil de la matanza era curarla, había que estar pendiente del tiempo de los días posteriores para que no se echara a perder toda la carne. Los embutidos se colgaban y se dejaban secar unos días ahumándose en la cocina, antes de colgarlos en la cámara, para que una vez instalados allí las heladas hicieran el resto del trabajo y se pudieran comer. 

En este texto hacemos un pequeño recordatorio de cómo se hacían las matanzas en nuestra casa. Nos dejamos para otras entradas la recetas de los embutidos y algunos detalles que no hemos incluido para no alargar el texto, en todo caso hemos querido compartir en unas pocas líneas cómo se celebraba la matanza. Gran parte del trabajo que se realizaba en la matanza en nuestra casa ha sido realizado por familiares y amigos y a todos ellos les dedicamos ésta entrada, haciendo especial mención a Antonio Viñas Rojas, Manasé Notario, Manolo Hipólito, Manuel Rodríguez y Juan Monsalve sin dejarnos atrás a Eugenia, que siempre estuvo la primera para ayudar en todo a la abuela Eulalia y a la tía Pura.

La tía Pura, Eugenia y la abuela Eulalia, pelando patatas durante la matanza.

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Jacinto Ruiz García-Minguillán, Patricia Ruiz Carmona y Jacinto Ruiz Carmona. Enamorados de los objetos antiguos, su restauración e historia; así como de las tradiciones y costumbres de nuestra tierra.

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